Editorial

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La Reforma Educativa ahora es objeto de una nueva lucha política por parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), debido a las declaraciones por parte de Esteban Moctezuma en el sentido de que sería imposible derogarla; más bien habría que revisarla.

Esa perspectiva contradice la promesa de campaña de Andrés Manuel López Obrador, quien habló de “derribar” la Reforma Educativa como lo exige hasta la fecha un sector de maestros de la CNTE.

Parece que todo fue un exceso de promesas con tal de arribar al poder.

Ahora que se ven los problemas de cerca, parece que las soluciones no son las que se prometieron y eso ha provocado un comprensible desencanto ciudadano.

Otro problema que se deberá atender con mucho cuidado, es la protesta de los habitantes de Atenco, quienes no desean el aeropuerto en su región.

Entre ser oposición y ser gobierno hay una enorme diferencia, porque el gobierno ejecuta acciones, mientras que la oposición solamente denuncia y exige.

Ahora, los próximos funcionarios tienen ante sí la realidad política del país, con todas sus contradicciones, abusos, componendas y excesos, como el referente a los salarios de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quienes no permitirán que se les rebaje un solo centavo de sus percepciones económicas, ante lo cual, López Obrador quedó aparentemente conforme con la promesa de que “van a recortar algunos gastos”.

No ha sido fácil esta transición que apenas empieza.

La resistencia al cambio es muy fuerte dentro de la burocracia y mucho de lo prometido podría quedar en nada, aunque la promesa del cambio tan esperado persistirá en el imaginario colectivo y en el discurso oficial.

Mientras no se constate de manera fehaciente un cambio en el presente gobierno, México seguirá hundido en la pobreza y la desilusión se apoderará de millones de mexicanos que deseaban otro México.