Recuerdo de Carlos Girón

|

Por Jaime Muñoz 


Cuando uno recuerda con claridad lo que ocurrió hace cuarenta años quiere decir que la vida ya viene más o menos de bajadita. Hace unos días murió Carlos Girón, el clavadista, y fue suficiente leer su nombre para que de inmediato se agolparan en mi mente ciertas imágenes de 1980. Seguramente vi su competencia más famosa en un televisor Admiral “a color” instalado en la sala de la nueva casa, pues hacia mediados del 77 mi familia se había mudado de Gómez Palacio a Torreón. 


Usé comillas porque aquel aparato, aunque parecía lujoso por su caja de madera brillante e imitación caoba, desde el punto de vista cromático siempre funcionó de manera desigual: pasaba caprichosamente del color al blanco y negro, así que debíamos darle golpes para que recuperara el rejego full color.

Las Olimpiadas de Moscú se celebraron en las postrimerías de la Guerra Fría, y los gringos las boicotearon con su inasistencia. 


SEGUIR LEYENDO


Fantasmas desatados
Memoria de la lectura
Patología de la miseria
Una mirada a tres miradas
José José en el Quijote
Visibilizar el dolor
Las letras como eje