El amor no basta: habla la madre del asesino de Columbine

|


KLEBOLD


Lo primero que hizo Sue Klebold cuando nos conocimos fue disculparse por su falta de hospitalidad. No nos encontramos en su casa sino en un hotel de la ciudad de Denver, no porque esta mujer de 66 años no quisiera invitarme sino porque cuando has sido víctima de muestras masivas de odio nunca es una buena idea hablar de los hechos que lo propiciaron en el lugar donde tuvieron lugar. 


Klebold parece la última persona del planeta Tierra que debería ser odiada, una administradora jubilada de un centro universitario y un pilar de su comunidad que afirma tener una vida agradable pero modesta. Sin embargo, desde hace diecisiete años es consciente de que en cualquier momento puede producirse un encuentro que le haga sentir vergüenza. "Puedo estar en la sala de espera de un médico y desear que me llamen por mi nombre y no por mi apellido", reconoce: "Cada vez que conozco a alguien y me presento, se produce un silencio incómodo, miro su cara y veo que se está preguntando ¿de qué me suena este apellido?".


Han pasado casi dos décadas desde que su hijo Dylan y su amigo Eric Harris asesinaran a 13 personas en la escuela de secundaria de Columbine y luego se suicidaran, y desde entonces el sistema educativo de los Estados Unidos ha cambiado. El acoso escolar es ahora una prioridad para los responsables de los centros y se han impulsado medidas y protocolos en todo el país para evitarlo. Además, el control de armas también ha pasado a ser a una cuestión clave y algunas medidas de seguridad son comunes para todas las escuelas, como la organización de simulacros de cierre y la instalación de detectores de metales, en parte como consecuencia de lo que hizo el hijo de Klebold. Lo que no parece haber cambiado es la percepción de que la culpa de que un adolescente mate a sus compañeros de clase es de sus padres, o mejor dicho, de la madre. "Una madre debería haberlo sabido", dice Klebold.


El hecho de que ella afirmara tras la tragedia que ignoraba que el adolescente que vivía bajo su techo estaba profundamente deprimido, había comprado ilegalmente un arma y la había escondido en casa para preparar junto a su amigo Eric una masacre, levantó muchas ampollas en el momento de los hechos e incluso ahora genera incredulidad. Klebold comprende perfectamente esta reacción. Durante años, ella también fue muy dura consigo misma. "La descripción más amable que los medios de comunicación hicieron de nosotros fue que éramos unos inútiles", escribe en sus memorias A mothers Reckoning (El juicio de una madre). "Según otras versiones, habíamos estado protegiendo a un racista odioso y habíamos preferido ignorar el arsenal que había construido en nuestro propio hogar, poniendo en peligro a toda la comunidad", explica.


SEGUIR LEYENDO


Nuevo virus procedente de China se propaga a Tailandia
Benedicto XVI desafía a Francisco con su defensa del celibato
El Pentágono no tiene pruebas de que Soleimani fuera a atacar embajadas, como dijo Trump
Pierde Australia la mitad de sus koalas por incendios
Advierte Francia a EU que responderá a aranceles
Abuela de 80 años termina la primaria como abanderada