Nobel y pobreza -sexta y última parte-

|


Manuel Zepeda



Manuel Zepeda Ramos


Esta serie de artículos los empecé cuando supe la noticia de que habían ganado el Premio Nobel de Economía tres relativamente jóvenes doctores que laboran en dos universidades muy prestigiadas de los Estados Unidos y que venían desarrollando estudios sobre la pobreza en el terreno mismo de los hechos. 


Por primera vez, estos estudios se hicieron en el mismo lugar de los acontecimientos, en países de África y Asia en donde arrojaron resultados interesantes. Durante muchos años, los economistas habían venido encajonando el estudio de la pobreza en el “análisis de grandes series de datos agregados a niveles nacionales y regionales, identificando los factores determinantes del desarrollo y la pobreza con bases teóricas”. 


Uno de los actualmente premiados, Michael Kremer de la universidad de Harvard comenzó a romper, en los años noventa, esa costumbre de apoyarse en bases puramente teóricas. El economista empezó a evaluar el desarrollo y la pobreza a partir de una metodología “su metodología”, que iba “más allá de la teoría y los modelos econométricos”. 


Kremer realizó experimentos de campo en Kenia para “evaluar la Interrelación entre los factores que la ciencia económica había identificado a lo largo de los años como determinantes de la pobreza”. Algunos resultados corroboraron lo obtenido por el análisis tradidional, pero otros determinaron que los impactos de algunos factores estaban sobrevalorados y otras variables más jugaban un papel determinante. 


Los otros dos premiados, del MIT, Banerjee y su esposa Esther Duflo, uno de la India y la otra de Francia, esposos, trabajaron en la India con la metodología de Kremer para evaluar otros campos del desarrollo como la educación, los servicios de salud y el emprendimiento. Con el marco práctico desarrollado por los actuales premios Nobel, pudieron formular recomendaciones específicas de política económica y social con la evidencia de los estudios in situ. 


Así, pudieron evaluar lo que sucedía en localidades rurales de la India en donde los índices de vacunación no superaban el 5%, cuando que la vacunación es uno de los métodos más eficientes para preservar la vida. Eligieron 120 comunidades con índices bajos, en donde en 60 de ellos se incrementó la oferta de servicios de vacunación. 


Además, en estos 60 pueblos, en 30 de ellos se sumó un incentivo para acceder a la vacunación: 1kg. de lentejas por cada vacuna y una vajilla por el ciclo completo. El resultado fue que en los 60 pueblos en donde se incrementó la oferta, la vacunación se incrementó hasta en un 12% y en aquellos 30 en que se utilizó el incentivo de lentejas y vajillas, los índices se incrementaron hasta un 37%. Funcionaron, pues, los incentivos. 


La gente pobre que hay en el Mundo -varios millones-, es acechada todos los días por una serie de calamidades que requieren desiciones urgentes e inmediatas en donde la prevención por vacunación a los hijos no está en su lista de prioridades, no obstante ser muy importante, ante tanta acechanza de la muerte. Para los premios Nobel es urgente llevar a los pueblos pobres medicamentos gratuitos y servicios de salud porque han demostrado que son bien recibidos por las comunidades porque las necesitan y observan el beneficio en carne propia. 


Esther Dufo, que fue maestra normalista en Francia antes de irse al M.I.T. a estudiar su doctorado en economía, ha trabajado con su marido en la India con niños que tienen serias deficiencias en el aprendizaje para leer y dominar la aritmética simple: sumar, restar, multiplicar y dividir. Proponen ayudar a los estudiantes rezagados, otorgando incentivos a los maestros que demuestran una permanencia escolar y llevando, por contrato, a maestros monitores de excelencia que puedan empujar a los niños en el conocimiento de la lectoescritura y las sumas y restas, multiplicaciones y divisiones. 


Por eso me entusiasmé tanto cuando descubrí que por vez primera en la historia la academia sueca y el banco de Suecia volteaban a ver a la pobreza como un problema real del Planeta al que hay que combatir, premiando a tres economistas que lo están haciendo con metodología y conocimiento, en el piso mismo del suceso. 


Lo que nosotros hicimos hace 50 años de manera intuitiva y empírica, con el conocimiento que la Educación Superior de licenciatura nos otorgó para aspirar a ser profesionales en varias disciplinas y por el enorme compromiso de devolverle al pueblo algo de lo que pudimos aprender, tiene gran parecido con el gran esfuerzo realizado por los premiados, al tiempo que muy bien apoyado por sus universidades y otras organizaciones civiles y gubernamentales del Mundo. 


Si bien es cierto que El Porvenir no era, ni por asomo, lo que son las comunidades pobres de ahora en donde los premios Nobel han estudiado y trabajado, hay mecanismos de aproximación comunitaria que nosotros hicimos intuitivamente. Creo que Kremer, Dufo y Banerjee también utilizaron la intuición: el contacto con los seres humanos no se estudia en el aula, no obstante que la misma experimentación ha dado una metodología suficiente para aprenderla y ponerla en práctica. 


Se necesita algo más que el conocimiento del método: se necesita una clara conciencia de servicio comunitario que creo que los premiados tienen. No cualquiera se anima a vivir en la pobreza si tu origen es otro. No quisimos llegar a El Porvenir con las manos vacías. 


Al hacerlo con maíz, frijol, abarrotes y cobijas para sus habitantes, estábamos intuitivamente encontrando un camino para ser aceptados en la comunidad. La educación, por ejemplo, no es -o no era-, un problema en la Sierra Madre de Chiapas. 


En esa zona siempre se ha privilegiado la profesión del maestro. Enseñar es un asunto de prestigio y una obligación: es un asunto de vida. También sus habitantes son gente trabajadora que no se arredra. Ante la urgencia económica, se desplaza al Soconusco para el corte de café y plátano. 


El habitante de allá también sabe trabajar y no se deja derrotar por la pobreza. No es el caso de los sitios de trabajo de los premios Nobel. También nosotros llevamos monitores ya especializados en construcción científica de Terrazas para el cultivo, en construcción de estructuras para diversos usos, en el trazo topográfico para el futuro desarrollo del pueblo, futuros profesionales de la salud que llevaron la cura del cuerpo y de la boca y medicinas para ello. 


Sin proponérnoslo, hicimos lo que estaba indicado en el trabajo de desarrollo comunitario. Ojalá que los gobiernos de las entidades federativas volteen a ver no solo al campo sino a la gente que vive en el campo. El espíritu de las brigadas que nosotros convocamos hace 50 años sigue vigente. 


El gran pretexto ahora para Chiapas, Oaxaca, Puebla, Estado de México y CDMX es la construcción de sus pueblos y sus templos destruidos por el sismo de hace tres años. La destrucción por los sismos, paradoja de la vida, es ahora el gran cementante para lograr el entusiasmo y la participación de todo el pueblo. Los futuros profesionales que ahora están en las universidades y los que serán egresados de la Educación Media, deben ser los que se desplacen al campo y a la ciudad, a servir a sus hermanos en desgracia. No hay pretextos de imposibles. Nosotros ya lo hicimos hace medio siglo.


Notas


Nobel y pobreza -quinta parte-
Nobel y pobreza -cuarta parte-
Nobel y pobreza -tercera parte-
Nobel y pobreza. -segunda parte-
Nobel y pobreza -primera parte-
Gustavo Dudamel y Natalia Lafourcade, en California