El Muro de Berlín

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Berlin



Por Hernán León Velasco


Era el año 2002 cuando estuve en la enigmática y bella ciudad de Berlín. Lo primero que te conquista es el orden del tránsito vehicular, las anchas avenidas sin un mínimo "bache" y sin la violencia auditiva causada por el accionar innecesario del claxón, así como el respeto por el transeúnte. 


Diez médicos mexicanos fuimos becados en Alemania. Y allá nos dirigimos con nuestro "chumul de cosas” (por cierto, nos faltó llevar la caja con queso y los tamales). Arribamos a las dos de la mañana, a esa hora tanta amabilidad de la gente te desarma. Para continuar con el desarme llegamos a un hotel y, según nosotros, la agencia de viajes en México había reservado habitaciones; sin embargo, no fue hecha dicha reservación, por lo que nos dirigimos a un restaurante. 


El dueño era un italiano a quien le comentamos si podíamos pasar la noche en las sillas. No fue así. El italiano llamó a un empresario alemán, quien amablemente, junto con su esposa, vinieron por nosotros y nos distribuyeron en un edificio, propiedad de este señor de negocios, y nos quedamos ahí; para rematar la situación, nuestro hospedero emergente sabía español y charlamos mientras llegaba la hora de dormir, más bien, la hora de despertar –lo que percibí es que los alemanes tienen gran aprecio a México-. 


A la mañana siguiente seguimos con nuestro destino. Aclaro lo oscuro: el anfitrión alemán era nada más ni nada menos que un tipo de la Bolsa de Valores de ese entrañable país. A cada uno nos dejó su tarjeta de presentación y nos ofreció en lo sucesivo su apoyo incondicional. Comentario aparte merece decir que al intentar cruzar la avenida y al ver que venía un vehículo conducido por una hermosa muchacha, quien al divisarme me hizo una señal con su mano para que pudiera pasar, a su vez le hice otra para que pasara primero; de nuevo insistió en su señal. 


Un médico que me acompañaba me dijo: “pásale, aquí no estás en tu pueblo, en este país primero es el peatón”. Me impresionó que si el tren decía salir a las nueve de la noche, así acontecía: las nueve. Todo es riguroso. Ahí comprendí que Alemania no sólo son sus guerras, ni sus líderes nefastos como Hitler, sino su cálida gente que te da la bienvenida como si fueras de la familia. 


Los amigos se adaptaron rápido y me dijeron: "por qué no vamos a recoger una piedra y la llevamos como recuerdo del muro de Berlín". Les respondí: "para qué, si en México lo que más tenemos son piedras y muros, y aún mejores", ante este comentario, la risa fue incontenible. No faltó el aprendiz de cómico que de vez en cuando me decía: "vas a querer tu piedra". 


Hoy, acordarnos de Berlín, es celebrar que su Muro se derrumbó, o mejor dicho lo derrumbaron un 9 de noviembre del año de 1989 y esto dio fin a una etapa llama “guerra fría” entre el capitalismo de USA y el comunismo de la URSS. Un episodio sombrío para la humanidad fue la Segunda Guerra Mundial, y posterior a eso, lo fue también el Muro en la memoria histórica, porque se convirtió en un símbolo de la depresión post guerra, donde varios países pensaban que una división cartográfica reflejaba una división ideológica; pero, ante todo, era un mensaje semiótico: intolerancia. 


Alemania, como perdedora de la guerra, sufrió el reparto de su territorio por las dos potencias (total, que para eso sirven las guerras: para hurtar y cometer genocidio, como parte del oscurantismo de la humanidad). Berlín quedó en el corazón de la República Democrática Alemana (RDA), bajo el control soviético que en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, decidió sellar la más porosa viabilidad con el Muro, separando a muchas familias. Luego de 24 años, Ronald Reagan sensibilizó al mundo con estas palabras: “Señor Gorbachov: derribe el Muro. Señor Gorbachov, abra la puerta”. Y es que la Perestroika de Gorbachov en la URSS, como lo dice la canciller Angela Merkel, o su debilidad e incapacidad para sostener el régimen, como lo sostiene el ex canciller Helmut Kohl, fueron los factores en la caída del telón de acero. El muro se fisuró en mayo de 1989, aunque todos los días en la conciencia nacional se fisuraba. 


Cuando Hungría desmantelaba la alambrada eléctrica que la separaba de Austria, semanas después miles de alemanes orientales utilizaron esa vía para llegar a Occidente. Ante la presión de los ciudadanos el 18 de octubre de 1989, Erich Honecker se vio obligado a abandonar su cargo de mandatario de la RDA. A su vez cientos de miles de personas reclamaron libertad de opinión, reunión y prensa. 


Esa fue la historia donde el imperio soviético de la noche a la mañana se convertía en la Comunidad de Estados Independientes, cuyos países iniciaron su largo recorrido hacia las libertades públicas…Y todo ello sin una gota de sangre, gracias a Mijail Gorbachov, el “mago de lo inesperado” Este sábado 9 de noviembre se cumplirán 30 años de la caída del Muro, habrá grandes festejos para celebrar este acontecimiento y cómo dijera alguna vez Gorbachov : “que nunca más se levanten muros, ni de piedra, ni morales, ni humanos". 


En México tenemos un Muro: la falta de solidaridad, porque estamos aprisionados por el mercantilismo, se ha perdido la capacidad de ver al otro como un semejante, y eso es el peor de los muros. El interés principal es monetario, por tanto, se requiere de un Gorbachov Mexicano, que tenga el liderazgo avasallador para transformar el sentir y el hacer de cada ciudadano. Que la caída del Muro de Berlín, sea un símbolo que nos permita superar nuestros propios muros, y renazca en nosotros el sentido de la fraternidad que debemos tener para que los derechos fundamentales de la humanidad sean una certeza en nuestra patria.


Notas

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