Princesas

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PRINCESAS1



E N   B R E V E

James R. Portoraro


En medio de la maravillosa máquina de la mercadotecnia estadounidense surge celestial la moda de que ahora absolutamente todas las niñas son princesas por mucha cara de tortuga ninja que tengan.


Nunca mejor se ha visto en la vida real el proverbio de que aunque la mona se vista de seda, mona es y mona se queda. Luego me van diciendo por ahí que soy cruel. 


Deje usted que las niñitas tengan su ilusión que se sientan Yasmin y Cenicienta por un día. No ven que cuando esas yasmines y cenicientas se den cuenta dentro de poco que no se parecen en nada a las famosas princesas disni les va a dar el trauma del siglo y van a intentar ponerse a dietas de tortura que no te quitan la silueta de la tortuga ninja.


Aparte, estamos usando como modelo a un montón de dizque princesas de espléndidos senos - Pocahontas está de rechupete - y núbiles cuerpos - quién fuera enano. A todas les pasa algo que tiene que venir un hombre a rescatarlas, a despertarlas de maleficios, a luchar contra dragones y aventuras variadas que tienen como recompensa un beso y todo lo que viene después cuando se acaba la película y los dejamos a oscuras. 


No se quejen después de que a la mujer la falta identidad y de que somos machistas.


Notas

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