Rendición del régimen

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Por Catón


El Gobierno más autoritario que hemos tenido es el Gobierno con menos autoridad que hemos tenido. En efecto, el régimen que de un dedazo canceló el aeropuerto de Texcoco, las guarderías infantiles, el Seguro Popular y la Reforma Educativa es el mismo que ha doblado las manos ante la insaciable CNTE, los vándalos anarquizantes, los normalistas secuestradores y el narcotráfico, tal como sucedió en la mil veces explicada pero absolutamente inexplicable toma de Culiacán por la delincuencia organizada. 


Ahora la rendición del régimen se da frente a los taxistas, quienes lograron que la administración federal se convirtiera en su cómplice para atentar contra los usuarios de Uber y otros sistemas de taxis que prestan un servicio mucho mejor que el de los taxistas pertenecientes a los sistemas oficiales, protegidos por el Gobierno al estilo de lo que sucedía en los tiempos de la dominación priista. 


Ya se ve que basta con bloquear calles o carreteras para que la autoridad recule a pesar de que eso se oiga feo. Cuando la invasión norteamericana del 47 un comerciante de mi ciudad vendió vituallas al ejército enemigo. Alguien le preguntó: “¿Y el patriotismo?” Respondió el hombre, confuso: “Pos viera que no lo vide”. Preguntamos nosotros a los autoritarios sin autoridad: ¿y la ley?... “Mi marido me engaña”. Eso le contó la señora a la linda criadita de la casa. “Ay, señito –se quejó con doliente voz la fámula–. Usté me dice eso nada más para que me den celos”… Un astroso pordiosero se dirigió a don Algón, rico empresario, cuando éste iba entrando a su edificio: “Deme un poco de dinero, señor. Tengo dos días sin comer”. Respondió el ejecutivo con una frase que tenía preparada para ocasiones como ésa. Le dijo al indigente: “‘Si dinero es, ni lo prestes ni lo des’. Autor: Benjamín Franklin”. Replicó el pedigüeño: “‘Chinga a tu madre’. Autor: Renato Leduc”… (Nota. Ya se ve que el mendigo era cultipicaño, vale decir culto y al mismo tiempo pícaro. 


La sonorosa expresión que profirió pertenece al poema “Prometeo sifilítico”, del extraordinario Leduc, el primero que se atrevió a usar en la poesía mexicana vocablos altitonantes como aquél con que el atormentado Prometeo zahería al ave fatal que cotidianamente le devoraba las entrañas. ¡Vaya limosnero! Caras vemos, saberes no sabemos)… 


El enviado de Washington le dijo al gran jefe piel roja: “Te compraremos todas las tierras de tu tribu. Pagaremos por ellas 400 dólares, y a ti te daremos un caballo, una manta, un espejito, una botella de agua loca y dos collares de cuentas de cristal. Más no podrías pedir por este inútil territorio en que lo único que hay son bosques, ríos, lagos, animales peligrosos como armiños y zorros plateados y ese metal amarillo que para nada sirve”. 


Ante esa propuesta el gran jefe indio habló y dijo: “Ojo de pato”. El hombre se volvió al intérprete y le preguntó, desconcertado: “¿Qué significa esa expresión, ‘ojo de pato’? ¿Se trata de alguna frase cabalística de los pieles rojas?”. Respondió el traductor: “No haga usted caso. Al gran jefe se le confunden las vocales. Lo que quiere decir es ‘hijo de puta’”… La trabajadora social dio una plática a las campesinas del lugar sobre métodos de control de la natalidad. Después de describirles varios les pidió a las asistentes que hicieran preguntas o comentarios. Una rancherita declaró: “El mejor anticonceptivo es la biznaga”. “¿De veras?” –se interesó la visitante–. Explicó la rancherita: “Mi marido y yo ponemos una en la cama entre los dos, y así no encargamos familia”… El hijo del sultán le hizo una petición: “Padre: si no vas a usar tu harén esta noche ¿me lo prestas?”… FIN.

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