Dudas

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E N  B R E V E

James R. Portoraro


Hay algunas cosas en la vida que no se acaban de entender. Son paradojas y misterios y supersticiones de la infancia y adolescencia que aún se mueven por nuestra mente de adulto atrapadas en algo nunca resuelto y nunca respondido.


De chicos nuestras ubérrimas mamás nos sacudieron hasta la náusea sobre la importancia de la higiene según esos grabados tan ilustrativos del colegio con niños en ropa interior, dibujados por un artista escolar desconocido, que nos recomendaba mucho la bañada diaria, las orejas limpias, el cabello cortadísimo, el niño pulcro, los dientes que ni el marfil acerado de brillantes. 


Si uno se mete en el baño y se pasa una hora rascando, limpiando, frotando, ungiendo y desinfectando y salimos de la regadera excelsos de relucientes como el Apolo del Belvedere y solo nos hace falta secarnos ¿porqué hay que lavar las toallas?


Saltemos a la segunda guerra mundial en el Pacífico. Hemos visto películas y documentales de las batallas por encima de los cielos del océano, el ataque sorpresa a Pearl Harbour y la increíble gloria de los kamikaze


Para quién no esté versado en esta palabra, los kamikaze eran los pilotos japoneses que se lanzaban contra los objetivos estadounidenses y perecían en el choque y la explosión. Sabiendo que su inmolación era cierta ¿porqúe se ponían el casco de guerra?


Notas


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