Nobel y pobreza -primera parte-

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Manuel Zepeda Ramos


Dada la intensa actividad mediática sucedida en nuestro país en prácticamente toda la semana en varios lugares de nuestro territorio que nos convirtió de manera intensa en noticia nacional e internacional, hizo que pasara desapercibida una noticia también muy importante pero diferente, fundamental para los países que luchan todos los días por vivir lo mejor posible en este Planeta que nos empeñamos en destruirlo cotidianamente, de manera globalmente irresponsable. 


Suecia otorgó -a través de su banca, la que desde 1969 es la responsable de hacerlo-, el Premio Nobel de Economía 2019 a tres científicos que trabajan en dos universidades prestigiadas de los Estados Unidos. Me refiero a los doctores: Michael Kremer, Abhijit Banerjee y Esther Duflo. El primero nació en los Estados Unidos en 1964 y los otros dos, uno en Bombay, India; en 1961 y la otra en Paris, Francia; en 1972. 


El primero, se desempeña en la universidad de Harvard y los segundos en el Massachusetts Institute of Tecnology -M.I.T.-, ambas, grandes instituciones estadounidenses. Tanto en Harvard como en el MIT han estudiado muchos mexicanos que han prestado sus servicios a nuestra nación de manera eficaz e inteligente tanto en el servicio público como en el sector privado. 


Los dos últimos son, además, matrimonio desde hace algunos años y ya proquearon a un hijo. La primera cualidad de estos laureados es su juventud. Nunca, la banca sueca había entregado el Premio Nobel de Economía a científicos tan jóvenes como en esta ocasión. 


La segunda cualidad que aglutinan es que la señora Duflo es el premio Nobel más joven de toda la historia de los premios suecos y la segunda mujer en recibir el de economía: la primera fue Elinor Ostram. 


Además, Esther Duflo ha ganado ya el premio Princesa de Asturias en 2015 en Ciencias Sociales que otorga la corona española y que, por cierto, es un premio que ya han ganado algunos mexicanos distinguidos pero no en la rama en el que lo obtuvo la señora Duflo. 


La tercera cualidad es la más importante: han ganado el Nobel en esta ocasión por sus estudios sobre la reducción de la pobreza. Han contribuido a desarrollar políticas e incentivos para apoyar a los hogares más pobres de la Tierra. 


El argumento de otorgamiento que hizo la banca sueca y que integra al comité que brinda el galardón desde 1969, dice que el premio fue entregado “por su aproximación experimental al alivio de la pobreza global”. Y dijo también: “cómo reducir la pobreza es hoy uno de los mayores retos y estos académicos han hecho contribuciones decisivas a las políticas y a los incentivos que hay que aplicar”. 


Hoy día, más de 700 millones de personas todavía subsisten en el Planeta con ingresos extremadamente bajos. Anualmente, cinco millones de niños menores de cinco años fallecen por enfermedades que podrían ser prevenidas o curadas con tratamientos que no son caros. 


La mitad de los niños del Mundo todavía abandona la escuela con capacidades básicas de lectura y aritmética extremadamente bajas. Cualquier parecido con la región sur y parte del sureste de México son, diría el clásico, meras coincidencias. Los galardonados en el 2019 han introducido una nueva forma de dar respuestas confiables a estos problemas: se cuestionan asuntos que puedan responderse con experimentos de campo, como el mejor manejo para resultados positivos que incidan en la salud de los niños y en su educación. 


El doctor Kremer, por ejemplo, dice que las familias de escasísimos recursos no pueden administrar medicina preventiva a sus hijos, a menos que sean gratuitas. Kremer es hoy el pionero en este tema y los estudios de los tres dominan la llamada “economía del desarrollo”. Durante los últimos 20 años, “sus hallazgos han mejorado dramáticamente la capacidad práctica para combatir la pobreza”. Banerjee y Duflo han ofrecido infinidad de tutorías en las regiones pobres del Planeta que ya rebasan las 100 mil escuelas en la India, beneficiando a cinco millones de alumnos. 


Gustavo Dudamel y Natalia Lafourcade, en California


Este tipo de trabajo abarca áreas como la sanidad, el acceso al crédito o la adopción de nuevas técnicas agrícolas, entre otras. Sus estudios confirman que trabajar por el acceso al agua potable, es una de las inversiones más rentables para los países en desarrollo. También han identificado comportamientos racionales inexplicables que provocan el que una política para el desarrollo fracase. 


Han descubierto por ejemplo, que los agricultores de los países pobres se resisten a la modernización y rechazan la inversión en fertilizantes, pero el envío domiciliado de estos productos da buenos resultados. Han descubierto que hay que saltarse a la burocracia y hacer trabajo de campo, directo, para registrar a los beneficiarios del agua limpia, en lugar de esperar a que acudan a registrarse. Las unidades móviles de vacunación que ofrecen el regalo de comida, han dado resultados. 


El matrimonio Banerjee-Duflo han creado un laboratorio que diseña ensayos rápidos para medir la eficiencia de políticas de cooperación y desarrollo: una auditoría de ayuda al desarrollo que permite a las ONGs y a países pobres gastar mejor sus recursos. Por esta razón, en el 2008 recibieron el premio Fronteras del Conocimiento de la fundación BBVA. 


Es muy importante señalar que la señora Duflo, antes de llegar al MIT para hacer su doctorado, obtuvo en Francia la licenciatura y maestría en enseñanza normal, especializada en Geografía e historia. Es pues, una maestra normalista especializada en enseñanza de niños, con un espléndido doctorado en economía por una de las instituciones más importantes del Planeta. 


Todo este enfoque para combatir a la pobreza en el Mundo actual me entusiasma a niveles infinitos. No puedo evitar decir que hace más de 50 años un grupos de jóvenes recién egresados de la licenciatura, fuimos a la Sierra de Chiapas a intentar trabajar en comunidades depauperadas, lo que hoy se llama combate a la pobreza. Lo hicimos de manera empírica, pero bien. Con metodología desarrollada por nosotros como el servicio social para las mayorías nos dio a entender. 


¿Quieren que hablemos de las analogías que 50 años después encuentro entre nuestro trabajo en la Sierra de Chiapas y el método especializado y efectivo que los premios Nobel 2019 han desarrollado? En la segunda parte se los cuento.


 (Este artículo se ha trabajado con información valiosa obtenida en el periódico español El País).


Notas

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