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Por James R. Portoraro


Yo solamente tengo un videojuego. Es el de los caramelitos que explotan con mucho colorido y videofanfarrias. Empecé en enero de 2019 y he llegado a completar 500 niveles. Pero es de una frustración intermitente. Ya más de una vez he pensado en borrarlo por completo. Eso fue lo que hice con el videojuego de hace años de los pájaros rabiosos y los cochinos verdes impertinentes. Me harté y los tiré a la ciberbasura.


Ahora no sé realmente qué hacer con los caramelos. Resulta que, cuando creo estar cerca del final, me anuncia que hay 4000 niveles. O sea que me quedan 3500 por completar.


Al paso que voy, lo conseguiría en el 2025. No creo tener ni tanto aguante ni tanto interés. Aún más. Puede que dentro de poco salga otro videojuego más interesante y los caramelitos se vayan a hacer compañía a los cochinos sarcásticos.


Lo peor son los mensajes que aparecen cuándo uno no completa el nivel. Nivel no completado. No lo conseguiste. Fracaso. Te ponen bombas que explotan. Chocolates que se reproducen por sí mismos y no te dejan maniobrar. Galletas que bloquean el paso. Y encima tienen el descaro de decirte al inicio que este juego es para relajarse.


Yo voy a diseñar un videojuego franco. Cuándo no completes el nivel, te va a decir: Mira que eres cretino. Esta bien fácil y fallaste. Hasta un niño de pecho completaría el nivel. Mejor juega a otra cosa, estúpido. Ideal para los cibermasoquistas.


Notas

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Desvalijado
Adelantados
Sexo musical
Erotismo
Faldas
Sordera
Amplitud de mente