Actos de provocación

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Por Catón


Con todo respeto, señorita: ¡qué hermoso busto tiene usted!”. Así le dijo un tipo a la bien dotada chica en la barra de la cantina “Las ilusiones de Leopardi”. “Favor que usted me hace –agradeció la joven–. O, mejor dicho, dos favores los que me hace”. “Perdonará mi atrevimiento –prosiguió el individuo–, pero con el mismo respeto le diré que su encanto pectoral me ha seducido en tal manera que estaría dispuesto a darle 10 mil pesos si me permitiera depositar un ósculo en cada uno de sus preciosos hemisferios”. La muchacha sintió por un momento la tentación de indignarse, pero la contuvo el pensamiento de que al día siguiente debía pagar la mensualidad del coche, de modo que se decidió a aceptar la propuesta de su admirador. “Después de todo –dijo para sí– esto que tengo no es jabón que se gaste”. 


Fueron, pues, a la parte trasera del restorán, y ahí la chica puso al descubierto sus grandezas. Opulento era el busto, ciertamente, enhiesto, ebúrneo. Los perfectos senos parecían cálices para beber en ellos el dulce néctar del amor sensual. Marfilina la piel, las aréolas como pétalos de rosa… (Nota de la redacción. Nuestro amable colaborador se extiende por 14 fojas útiles y vuelta en la detallada descripción del busto de la protagonista del relato, descripción que lamentablemente nos vemos en la penosa necesidad de suprimir por falta de espacio). El individuo contempló a su placer el doble encanto de la joven, y aun lo acarició con deleitación morosa. Le preguntó ella: “¿A qué horas va usted a depositar los ósculos?”. “Creo que tendré que privarme de ese gusto –dijo el tipo–. No tengo los 10 mil pesos”… Estoy convencido de la honestidad personal de López Obrador, pero no de su honestidad política. 


Tengo la seguridad de que como Presidente no tomará para sí indebidamente un sólo peso, y en apoyo de dicha certidumbre puedo meter en el fuego las manos de mi mejor amigo. Considero, no obstante, que en muchas ocasiones la conducta política de AMLO ha sido deshonesta. Tal es el caso de las “consultas populares” que hizo para fincar decisiones como la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la consiguiente construcción del de Santa Lucía. Esa consulta, con otras de similar jaez, fue una farsa indigna de un primer mandatario, y constituye también una forma de corrupción, pues se corrompe quien impone su voluntad por encima del bien comunitario. A lo que voy, sin embargo, es a decir que el registro de López Obrador y su señora esposa como socios de varias empresas, registro aparecido en el SAT, tiene todos los visos de ser una torpe falsificación tendiente a dañar la imagen presidencial. 


Una acción así es reprobable, y en nada contribuye a clarificar el ambiente político del País, en estos días tan enrarecido por diversos actos que se diría son de provocación, algunos de ellos salidos del interior de la administración misma, y aun del mismísimo Presidente, quien con frecuencia es el primero en proponer ejemplos de malevolencia y de rijosidad cuando debería hacer llamados a la concordia como vía para solucionar, con la participación de todos los sectores, los graves problemas que afectan al País. Desde luego la política no se lleva bien ni con la lógica ni con la ética. Ambas son arrojadas al desván de los trebejos inútiles, sea cual fuere el partido dominante. Pero el intento de poner en entredicho con mentiras la honestidad del Presidente es acción necia a más de inútil, pues aun los más acres adversarios de López Obrador reconocen su probidad personal. Búsquenle por otro lado los adversarios de AMLO, que por el de la ambición de dinero nada habrán de encontrar… FIN.


Fuente: Vanguardia.

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