Erotismo

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E N  B R E V E

James R. Portoraro


El otro día di una plática sobre el erotismo en las obras de arte, más que todo en la pintura. Era un grupo de unas cuarenta personas de edades varias. 


Los de edad más mayor creo que entendieron lo que estuve diciendo; los de menos de treinta años me pareció que no. El erotismo, el double-entendre, el flirting, el coup de foudre, el sexual innuendo y tantos otras maneras de sobrellevar la vida con mensajes amorosos indirectos es un arte perdido.


Los más mayores recordamos la intensidad del guiño de un ojo, el movimiento de los labios cerrados, la forma de cruzar las piernas, el levantamiento leve de una falda, el lenguaje de las manos al pedir fuego una mujer y la manera de fumar un cigarrillo o comer una fresa decía volúmenes sobre las implicaciones de una posible relación.


Ese lenguaje se fue. No hay preocupación por adivinar unas intenciones y ni necesidad de saber leer entre líneas para descifrar los jeroglíficos del amor. En su tiempo, el bolero fue una manera de bailar que lo decía todo en una sola loseta del suelo. Era el hacer el amor vertical.


En la actualidad todo es muy obvio y muy directo. Con tanta apertura y tanto internet, todos nos hemos convertido en ginecólogos.


Notas

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