¡Decrépita tu abuela!

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Por David Sol Corzo


Soy muy chismoso. Lo sé. Pero ustedes también. Lo sé. El Facebook lo es. Lo sé. Ya me quité la barba. ¿Vieron? Eso es lo de menos. ¿A quien le importa? Lo interesante para mí fue la razón, causa, motivo. Estaba concentrado en mi chamba, —aunque ustedes no lo crean, ni yo tampoco— cuando me visita una pareja de vendedores de enciclopedias. 


—Buenos días notario. Le traemos una enciclopedia para que adorne su estudio, haga un regalo o se empape de más cultura— me dijo la chica con carita de yo no fuí, fue Teté. 


—Gracias señorita, pero desde que surgió Wikipedia no he vuelto a adornar mis neuronas con enciclopedia alguna, ni regalarlas porque ya nadie lee un libro, ni siquiera para adorno lo aceptan, porque la casa se envejece y ahora todo es minimalista— le contesté tratando de ahuyentarlos, cosa que conseguí. 


—Pinche viejo decrépito— que alcanzo a oír. Inmediatamente mis neuronas se pararon de pestañas al definirme como una persona de avanzada edad con las capacidades físicas y mentales disminuidas. Para qué lo fui a oír. 


Tenía la opción de contestarle “pues ya hay igualdad de género, asi que al tú por tú”, pero recordé a mi abuelita decir “no te bajes del nivel que tienes porque te rebajas, pero si lo haces, que sea para madrearlos; en ese idioma, todos somos iguales. Tú pégales, igual y ni sabes porqué lo haces, pero ellos sí”. 


Me di la vuelta, pues jamás he tocado a una mujer, ni con el pétalo de una rosa. Bueno, si la he tocado con mis manos acariciando suavemente la curvilínea forma de su cuerpo, como debe ser. 


Corrí al baño. Tomé el rastrillo, lo afilé con la palma de mi mano, que todavía temblaba, y espuma en cara fui quitando mi barba luenga, canosa y espinuda, esa que mis hijos insistían me dejara, pués me veía más "interesante". 


¡Decrépito! Decrépita su forma de abordar al cliente justificando un producto obsoleto y anacrónico; ya ni siquiera para mí generación. He aguantado hasta que me digan si tengo diabetes, pero eso de viejo decrépito... ¡ya calienta! 


La discriminación debe ya terminar en nuestra manera de pensar, en nuestra forma de hablar, en nuestro léxico. Cierto, soy sesentón y con credencial del INAPAM, pero no da lugar a que me discriminen, aún cuando les diga con franqueza lo que pienso de sus artículos de venta. 


Cierto, soy sesentón pero todavía aguanto un piano, de poco peso, pero aguanto. Tan formal, culta, astuta, decente y pulcra que se veía la chica. Como no hay mal que por bien no venga, a raíz de haberme quitado la barba ya me preguntan cómo está mi hijito recién nacido. Mientras tanto, yo aquí tomando un cafecito frailescano con mi "hermanita menor".

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