Carnaval de proporciones

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Danza


Por Alberto Siller


No existe nadie que sea totalmente bueno, así como no hay nadie que sea totalmente malo. La gente se vuelve mala al no estar en equilibrio, al cargarse del lado de la almohada, donde reina el ego, la inconsciencia. 


Lo que hace que todo aquello que veamos, percibamos, escuchemos y sintamos, finalmente tiene que ver con las proporciones que usemos. Los excesos son quizá, lo que hace que perdamos el piso y el rumbo con respecto a lo que vivimos. 


Los excesos también aplican a lo que es poco, no sólo a lo mucho. Alguien que no valora a los demás, que no los respeta, es alguien que creyó que tenía más cantidad en su vasito que los otros, más de personalidad, más de poder, más de autoridad, de cantidad. 


Las amistades o los familiares, no porque hayan estado a nuestro lado por muchos años, significa que no merezcan respeto. 


En el caso de las amistades, se tienen que cuidar, en el caso de la familia también, si no, se pierden para no volver. Quien guarda silencio ante lo perverso, es igual de perverso. 


En las dificultades y en los negocios es cuando se manifiesta todo aquello que redunda en la cobardía y raya en la ridiculez. Hacer lo correcto en la vida, siempre dejará una sensación auténtica de paz y hacer lo correcto, no es tirando la primera piedra al otro, ni hablando mal de él o de ella, sino diciéndolo directamente a esa persona; de otra manera todos nos vamos poco a poco prostituyendo en un carnaval de especímenes sin valores y sin estos, no tenemos nada. 


La foto alude a hombres que quizá juegan a parecer gays o quizá lo son. No me asusta, y no tengo problema con los que tienen una condición sexual diferente, al contrario, se les respeta igual que a cualquier persona; a lo que me refiero con el texto, es a aquel que va por la vida atropellando a otros, pero principalmente y sin darse cuenta a él mismo. Y ese es el verdadero significado de ser un maricón.

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