El lector despreocupado

|


Lector

Por Hernán León Velasco


En principio, soslaya -o no toma en cuenta- las reglas gramaticales ni otras imperfecciones del lenguaje, del cual huyen los académicos. En el caso de un lector despreocupado que lee para disfrutar el río interminable de la lectura, en lugar de abandonar los libros, los lee porque representan la diversidad de estilos y a veces son inspiradores, precisamente por su originalidad. El simple lector no recomienda a nadie que lea a algún autor en especial, porque no es crítico literario y tampoco profesor de literatura; que las personas lean lo que deseen leer le parece suficiente.

Hay lectores que jamás leerían a Paz, o a Borges, y eso no significa que sean malos lectores; simplemente no les gusta su forma de narrar, pero sí leen a Aristóteles o a Lao Tsé y se aprenden párrafos enteros como si fuera su propia Biblia.

Otros no leerán jamás a Benedetti, quien no es el genio del lenguaje (“es sencillito”); incluso para algunos les parece un poeta menor, aun cuando no distingan si hay malos o buenos escritores, tratan de leer a los que pueden o les agrada; la vida es muy breve para leer a todos los grandes autores.

Benedetti tiene un lenguaje común y a veces pareciera llegar a lo vulgar. Es muy parecido a cómo hablan en los pueblos, y eso basta para hacerlo más popular. Los lectores prefieren a este autor cuando quieren una lectura fácil y sin tanto descifrar la metáfora escondida, o el recoveco sideral en el centro del universo.

El lector imperturbable no entra en polémica para defender a ningún autor: porque sabe que cada individuo tiene algún texto que no le entusiasma, y eso es lo extraordinario. Lo diferente es una ley en la naturaleza de la humanidad. El mismo Borges decía que si un libro no nos despierta en las primeras páginas, lo dejáramos de leer. Y eso es natural: lo hace la mayoría de los lectores y no porque lo diga Borges, tan sólo lo hacen por intuición, o el perfil psicológico y académico, entre otras cuestiones del gusto estético que bien refiere Umberto Eco, en un ensayo muy revelador sobre este tema.

Así que, bienaventurados los libros y la pluralidad de sus lectores, que bien se acomodan a la diversidad del lenguaje que desgranan las historias más inverosímiles de todos los tiempos.

A través de los tiempos...
Ser niños de otra edad
El hombre que se atrevió a ser feliz
La importancia de llamar al pasado
La muerte de Nora
Las extrañas formas del ser
La Pila