Bifurcación

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Por Catón


Aquel hombre, cansado de placeres, decidió buscar esposa. Quería una que no hubiese conocido las cosas del mundo y de la carne, de modo que se alegró bastante cuando conoció a una chica modosa y recatada. La cortejó discretamente, para no herir su virtud y su candor, y aun la acompañó en sus devociones cotidianas, pues la muchacha gustaba de oír dos o tres misas cada día. Por fin se llegó la fecha de la boda. Esa noche, ya en la habitación nupcial, él salió del baño y se sorprendió mucho al ver en la cama a su mujercita, sin nada encima y recostada en actitud lúbrica y sensual como de Mesalina, Thais o Friné. “¡Pero, Goretina! –exclamó el hombre al mismo tiempo consternado y sorprendido–. ¡Yo esperaba verte de rodillas!”. “¡Ah no! –rechazó ella–. 


Cuando lo hago en esa posición después siempre me duele la espalda”… Aquel señor regresó de su viaje un par de días antes de lo esperado. Aunque el reloj marcaba ya la medianoche su mujer no estaba en el domicilio conyugal. El señor despertó a la criadita de la casa y le pregunta: “¿Dónde está la señora?”. “Salió de cacería” –respondió la muchacha–. “¿De cacería?” –repitió el señor sin entender–. “Sí –confirmó la criadita–. Me dijo: ‘Ahora que no está mi marido voy a echarme una liebrita’”… Samuel Goldwyn, el productor de cine fundador de la Metro Goldwyn Mayer, era famoso por sus metidas de pata al hablar, derivadas de su absoluta falta de instrucción. Innumerables son las anécdotas que de él se cuentan. Uno de sus asesores le aconsejó no contratar a cierto cómico. “¿Por qué?” –preguntó el productor–. “Es muy procaz” –le dijo el consejero–.


“Bueno –adujo Goldwyn–, cada quien puede estar en favor de lo que quiera”. En cierta ocasión viajó a Europa en barco. Cuando el trasatlántico levó anclas, Goldwyn, desde la cubierta, se despidió de los amigos que fueron a dejarlo en el puerto. Al tiempo que agitaba su pañuelo les decía alegremente: “Bon voyage! Bon voyage!”. Una actriz se negó a interpetar un papel. “¿Por qué?” –le preguntó Goldwyn–. Alegó la actriz: “La mujer a quien debo representar es lesbiana”. “Eso no es problema –la tranquilizó Goldwyn–. La hacemos norteamericana”. En otra ocasión Goldwyn rechazó la petición de aumento de sueldo que le hacía uno de sus empleados. “Te daré mi respuesta en dos palabras –le dijo–. Im posible”. A veces solía filosofar. Una vez sentenció: “Los tiempos son tan malos que mejor sería no haber nacido. Desgraciadamente muy poca gente adulta tiene esa buena suerte”. Goldwyn es autor de una frase que usaré para ilustrar mi confusión de hoy. Dijo una vez: “Si en tu camino encuentras una bifurcación ¡síguela!”. Pues bien: yo me encuentro en una bifurcación, y estoy seguro de que en la misma situación se encuentran millones de mexicanos. 


Queríamos un gobierno que efectivamente trajera consigo un cambio positivo para México. Estábamos hartos de los vicios que se arraigaron en la vida nacional, especialmente la corrupción, rampante en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Efecto de tal hartazgo fue la elección de Andrés Manuel López Obrador. Ahora, sin embargo, nos preocupan sus inconsistencias y arrebatos, su apartamiento de la ley, su absolutismo presidencial. Me encuentro pues –y muchos ciudadanos comparten esa inquietud mía– en esa bifurcación del tipo de la que hablaba Goldwyn. Por una parte alabo el impulso ético que AMLO ha dado a su gobierno. Por la otra me perturban su actitud dictatorial. Me hallo, entonces, ante una bifurcación y no sé qué camino tomará el País. A mí no me pregunten, pues diré lo mismo que leí una vez en la defensa trasera de una vieja camioneta: “No me sigan. Yo también ando perdido”... FIN. 


Fuente: Vanguardia.


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