Buena señal

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Por Catón


Don Languidio, maduro caballero, tenía problemas de disfunción eréctil. En la cena de parejas salió el tema de la inflación, y don Languidio declaró: “Todo ha subido”. Intervino su esposa: “No todo; no todo”

Tabu Larrasa se llamaba esta sexoservidora. A pesar de su antigua y abnegada profesión era carniseca tanto en la comarca norte como en la zona sur. Después de ahorrar por algún tiempo fue con un cirujano plástico el cual, mediante sendas y hábiles intervenciones, le agrandó considerablemente ambas regiones corporales. La vio una compañera y comentó: “¡Caramba! ¡Veo que has ampliado el negocio!”


La linda chica le dijo a su galán: “Todos los novios de mis amigas ya pidieron su mano, y tú eso es lo único que no me has pedido”. La mamá de Babalucas se sorprendió al ver que su hijo y la esposa de éste dormían en literas. El padre del badulaque halló la explicación: “El día que se casó me preguntó Baba cómo debía acostarse con su mujer, y yo le dije que él arriba y ella abajo” El presidente Andrés Manuel López Obrador habrá de perdonar que no le aplauda, pero pienso que en esto de los gasoductos a la larga va a salir más caro el caldo que las albóndigas. Negociar con don Carlos Slim, que junto con el don tiene el din, es como ponerse a discutir de teología con Santo Tomás de Aquino. 


Advierto, sin embargo, una buena señal: lo sucedido muestra que AMLO es capaz de corregir sus malas decisiones. En este caso lo hizo forzado por las circunstancias, pero aun así es de reconocerse que haya admitido su error y lo haya enmendado. Si lo mismo hiciera en lo relativo al aeropuerto de Texcoco se llevaría un sonoroso aplauso que no sólo sería espontáneo, a diferencia del que solicitó, sino también unánime, incluido el de la comunidad internacional. Seguramente Slim, hombre de buen juicio, conciliador, prudente, puede influir en López Obrador para que deje atrás su desatinado proyecto de Santa Lucía, que tantas oposiciones ha encontrado, y reviva el de Texcoco, cuyos beneficios para el País serían muchos

Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, manifestó: “El sexo entre un hombre y una mujer puede ser maravilloso. 


Claro, si te toca estar entre el hombre y la mujer adecuados”. Don Astasio y su mujer asistieron a un retiro espiritual. En una de las sesiones el padre Arsilio habló con elocuencia acerca de la fidelidad en el matrimonio. (“You don’t play the game you don’t set the rules”, le dijo cierto tipo a un sacerdote católico cuando en su boda le hizo saber sus obligaciones de casado). Tras escuchar los conceptuosos conceptos del orador sagrado acerca de la fidelidad conyugal la esposa de don Astasio le comentó a su marido: “Tiene mucha razón el señor cura. En adelante procuraré serte fiel con más frecuencia”.


El muchacho empezó a escanciarle el vino a la muchacha. Le pidió: “Dime cuándo”. Respondió ella: “Eso te lo diré después. Por lo pronto sírveme más vino”. El astrólogo le preguntó a la futura madre: “¿Bajo qué signo concibió usted a su hijo?”. Respondió ella: “Bajo uno que decía: ‘No pise el césped’”. La recién casada era insaciable en lo que al sexo se refiere. Le pedía a su marido el cumplimiento del débito conyugal dos y tres veces en el mismo día. Para quien bebe las miríficas aguas de Saltillo eso no habría sido ningún problema, pero el desposado no disponía de las taumaturgas linfas, de modo que andaba ya agotado, laso, feble, exánime y desguanguilado. Se iba a cumplir un mes del matrimonio, y su mujercita le preguntó: “¿Qué quieres para ese día?”. Con voz apenas audible respondió el lacerado: “Llegar”.

FIN.


Fuente: Vanguardia.

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