Quiero ser Mascoto, no chucho de la calle

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Mascoto


Por David Sol Corzo


Esta belleza es un ser privilegiado: nació bonito, estético, en casa de mi nuera, otra nuera que tengo, buena onda también. 


Esta mascota solo toma agua de garrafón, come alimento vitaminado que ni yo en mis tiempos de gym comía. Lo abrazan con la sutileza de un bebé, viaja en "primera", o sea, en avión. En la ciudad, va en el lugar del copiloto. 


Esta "mascota" que no perro, le dieron al asentarlo, como a un humano, su acta de nacimiento. Duerme con su "dueña" y le compran juguetes que ni los candidatos en campaña se atreven a dar por costosos. 


Este mascoto, —diría un defensor del machismo— tiene nombre propio y hasta nacionalidad: Silver Ruíz Sol; en ese orden. Así conservarán sus descendientes el apellido de quien la compró y le cuesta una lana mantenerlo como sultán. 


Como abogado, se me ocurre —solo se me ocurre, pero no lo digan, por favor— que si a la dueña no le alcanza para la vida cómoda y satisfecha del mascoto, podría demandar al novio, casi cónyuge, no solo las obligaciones alimentarias para ella, sino para el zoo-perruno que es cuasi hijo y que mi primogénito le dio su apellido. 


Al presenciar esta etapa de la evolución cultural del homo sapiens sapiens (a la que yo no pertenezco, pues con los hijos naturales tuve) y ahora, los últimos cacaos aztecas que me quedan están destinados al nieto, he pensado en reencarnar en un perro, eso sí, de cuna de oro, de pedigree. 


Nada de ser chucho corriente o "criollo", como le dicen para matizar la discriminación canina, pues si tengo la desgracia de nacer en casa pobre me van a tener amarrado y me soltarán en la noche solo para mi rol de velador mordelón. No eso no. 


Bueno, insisto: quiero ser mascoto. Antes pensaba reencarnar en un humano hábil para hacerse pendejo o idiota, pues son los que mejor se la pasan por la vida. Pero no. Ahora mi deseo es reencarnar en un MASCOTO. 


No importa donde nazca, porque a un perro chulo hasta los pobres lo tratan mejor que a los hijos, lo que muestra una vez más que la belleza interna es una falacia. Quiero ser mascoto y nacer en casa de una familia tuxtleca, amante de los animales. Aclaro, animales de verdad y no los primitivos de la sociedad que nos tienen hasta la madre. 


Este deseo sí es factible científicamente que se cumpla: * Cuando muera que me cremen. Y las cenizas que pensaba las repartieran en cada botanero y campo de futbol de la comarca zoque, mejor que las pongan de abono en una maceta. 


Ahí mismo que Silver, que todavía es probable que viva, pues es MASCOTO FIFÍ tierno y resistente a la Cuarta Transformación, ponga su fino popó en el mismo macetero (término machirul). 


Asi, los saprófitos degradarán nuestra materia orgánica y pasaremos juntos a formar parte de los ciclos biogeoquímicos donde una planta de trigo crezca, muelan sus granos y con otros complementos formen la comida de un descendiente de Silver Ruíz Sol, y ¡pummmm!, nazca el nuevo descendiente donde mis elementos químicos afloren en ese nuevo Silver III, o IV. 


No lo sé todavía, porque la vida no la tenemos comprada. Bonito día a todos los feisbukeros que le encuentran sentido del humor, sarcasmo e ironía a mi página, y que es, sin duda alguna, la sonrisa de la inteligencia.

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