Anuncio de riesgos

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Por Catón


"Sé que tienes una amante” –le dijo la mujer a su marido. Y añadió: “¿Qué no te basta hacer el ridículo conmigo?”… El pequeño ciempiés lloraba a lágrima viva. “¿Por qué lloras?” –le preguntó su madre. Gimió él: “Me pegué en una patita”. “¿En cuál?” –quiso saber la mamá. Respondió el pequeño: “No puedo decirte en cuál. Sólo sé contar hasta 10”… Un agente policíaco le mostró una fotografía a don Poseidón. Le preguntó: “¿Sabe usted quién es este hombre?”. “Sí – contestó el labriego-. Es mi vecino”. Inquirió el agente: “¿Conoce su paradero?”. “¡Óigame no! –se ofendió el viejo-. ¡Eso nada más su mujer!”… Desde el consultorio del ginecólogo la joven señora llamó por teléfono a su esposo y le anunció: “El doctor dice que es muy probable que vayas a ser papá”. El marido se alegró, pues ya tenía cinco años de casado y aún no disfrutaba los goces de la paternidad. Quiso oír la buena nueva de labios del médico, de modo que le pidió a su mujer: “Ponme en el teléfono al doctor”. “Ahora te lo paso –respondió ella-. 


Deja nomás que acabe de vestirse”… Noche de bodas. En el curso del primer acto de amor el recién casado notó algo que lo llevó a preguntar a su flamante mujercita cuando acabó el trance: “Dime, Loretela: ¿soy yo el único hombre con el que has hecho esto?”. “No -respondió ella con paladina sinceridad-. Pero si te sirve de consuelo te diré que tampoco has sido el peor”… Reconozco y aplaudo los afanes de López Obrador por suprimir la pompa y circunstancia que han acompañado desde siempre a la figura presidencial. Supongo que en esa intención se finca el hecho de que haya dejado de ceñir la banda presidencial en los actos de recepción de credenciales de los embajadores que ante él acreditan su calidad. Tal omisión se antoja de poca monta, detalle sin importancia. No lo es. Al no usar la dicha banda en tales ceremonias protocolarias el Presidente está violando la Constitución, que le ordena expresamente llevarla cuando recibe las cartas credenciales de los representantes de gobiernos extranjeros. 


Quien viola la ley en lo pequeño la violará igualmente en lo grande. Por eso es necesario señalar esto que en la superficie parece mera ocurrencia de López Obrador, pero que en el fondo muestra una vez más la marcada tendencia del Presidente a poner su voluntad por encima del orden jurídico. Entonces esto no es cuestión nimia o baladí. Es mala señal, anuncio de riesgos para la República… Rufiano, hombre del bajo mundo, tuvo trato de fornicio con una maturranga a quien pagó sus servicios por adelantado. Diestro en menesteres de colchón el individuo de mi cuento le hizo a la prostituta un trabajo de tan elevada calidad erótica que la daifa gozó cumplidamente la ocasión, según lo demostraron sus jadeos, resoplidos y profusas exclamaciones de placer. 


Terminado el lúbrico acto la mujer le dijo a su amador: “Hagámoslo de nuevo. Esta vez no te cobraré”. Por segunda ocasión Rufiano llevó a la musa de la noche al culmen del deliquio. Tan satisfecha quedó la perendeca que le pidió al hombre repetir el acto. Le ofreció: “Ahora yo te pagaré a ti”. Sucedió, por desgracia, que Rufiano ya no pudo ponerse a la altura de las circunstancias. Quiero decir que a pesar de todos sus esfuerzos no logró izar el lábaro de su masculinidad. Así, la mujer se fue del cuarto, desilusionada. En el lecho Rufiano se dirigió a su parte de varón. “¡Desgraciada! –la apostrofó enojado-. Cuando se trata de gastar o gozar gratis siempre estás dispuesta, pero ¡ah!, que no se trate de ganarme yo una lanita, porque entonces no cuento contigo”… FIN.


Fuente: Vanguardia.

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