¡Enamorarse es mortal!

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Amor


Por Hernán León Velasco


Es un asunto de trasmisiones. Si usted no quiere que le trasmitan ese contagio, consiga un traje de astronauta, respire en su propio bosque y lleve un árbol a todas partes para que no se apaguen sus motores, ni se enciendan sus fogatas a toda hora de la noche. 


Procure no contagiarse con la inoportuna búsqueda de amores clandestinos. Si es preciso, huya de la ciudad, aprenda a vivir en un monasterio, donde el único habitante sea usted. 


Le aseguro que no tendrá enemigos más que usted mismo, y su tedio enciclopédico será de un éxito afortunado. Cuando se desnude evite abrazarse con su propia imagen, que así, no se volverá un narcisista incorregible en la intemperie. 


Todos los días -para que usted se lo crea- grite a pulmón abierto: no necesito de nadie, más que de mis pies y de mi sangre y de mis ojos, y de mis manos y del canto de los pájaros. 


Cuando diga esto, ¡tenga cuidado!, porque descubrirá que usted es un simple mortal y necesita de su camisa, de sus zapatos y de alguien que lo abrace, lo quiera y lo multiplique y le quite el miedo de morirse desesperadamente enamorado. 


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¿Por qué nos reímos?
En cuanto me levanto
Leo a la velocidad de lo que me dicen las palabras
El tiempo nos enseña el significado de lo que es ser un padre
Platícame de un Cupapé
​La máquina de Lucrecia