Los hombres ordinarios

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Por Hernán León Velasco


Entienden que los muertos no hacen ruido, que el infinito es cuestión de algún misterio. Los hombres ordinarios no preguntan por lo absurdo y levantan la basura que generan los extraordinarios. No utilizan la comedia ni la tragedia, hacen de todo sin ser expertos en nada. 


Los hombres extraordinarios son complejos y precavidos: salen en los periódicos con la sensación de que lo saben todo. Los hombres ordinarios dicen: señor, no está para saberlo, pero no sé absolutamente nada de todas maneras deme su revista para que sirva por lo menos a la fogata. 


El hombre ordinario no se confunde: hace lo común para dar el primer paso. Los extraordinarios que realmente lo son, saben que no existen hombres ordinarios, que el número uno necesita del dos que lo primero necesita de lo último. Porque nada de excelencia surge sin lo común y todo lo común tiene su lado de excelencia. 


Los hombres no se clasifican por lo que aparentan ser, ni son más ni menos importantes unos de otros. Simplemente son relevos de la propia naturaleza para que la vida pueda realizar su sinfonía exacta.

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