¿Cómo combatir a los sicarios?

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Por Julio Serrano Castillejos 


Hemos visto en las series de televisión en especial en donde tratan las vidas de los hombres dedicados en gran escala al tráfico de drogas que para mandar a sus enemigos al otro mundo usan los servicios de los denominados sicarios, hombres que en el pasado y en el presente ponen a temblar a cualquiera por su peligrosidad. 


En México dos celebridades del medio artístico fueron víctimas de estos siniestros personajes, uno Victor Irurbe alias El pirulí en su domicilio y otro Paco Estanley en El Charco de las Ranas, ambos en la ciudad de México, y según dicen las malas lenguas por haber quedado a deber su consumo particular de drogas. Y es que con el narco no se juega. Un método muy común de estos denominados sicarios es el de usar las motocicletas como instrumento de “trabajo”. 


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Uno como conductor y un segundo cómplice en calidad de experto gatillero. Vimos en una película como los entrenan a campo traviesa con bultos colgados de perchas simulando cuerpos humanos. Pasan con la moto a toda velocidad y al de la pistola le columpian el maniquí y debe darle certeros balazos en zonas consideradas de muerte instantánea. Suponemos fue algún sicario quien diera muerte en su automóvil al político Ruíz Massieu, emparentado con el ex presidente Carlos salinas de Gortari y también otro sujeto de dichas características quien asesinó al sagaz periodista Manuel Buendía, de quién recibí su columna diaria cuando fui Director General del periódico “La República en Chiapas” en Tuxtla Gutiérrez. 


No voy a dar nombres pues no es este un escrito de denuncia, pero supe de un sicario a gran escala que a sus víctimas las metía en un tambo de 200 litros les echaba líquidos de fuerte poder disolevente y así las descarnaba y luego las osamentas las trituraba y los residuos los sepultaba. 


Se supone de tal manera desapareció a 300 personas. Recuerdo el México de mi infancia y de mi primera juventud como un país muy seguro en el cual se podía ir y venir a cualquier hora del día en las ciudades, en el campo, en las carreteras con una seguridad absoluta pues nunca pasaba nada grave. 


El título del libro de Luis Spota “Casi el Paraíso” le quedaba como anillo al dedo a nuestro país por aquel entonces. Pero las cosas han cambiado diametralmente. ¿A quién le echamos la culpa? Dejo al lector obtenga sus propias conclusiones.



¿Tiene algo que denunciar? ¿Tiene quejas que exponer? Hágalo en vivo a través del Facebook: Enrique García Cuéllar quien le da voz a su opinión en Y nos dieron las Once...


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