Sordera

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EN BREVE

Por James R. Portoraro


No sé por qué hoy me dio por la vena diplomática y condescendiente y decidí darle a este corto artículo el título de Sordera cuando tal vez sería mejor llamarlo Ser tarugo. Tengo el consuelo de que no fui yo el primero a darme cuenta; el primer ejemplo se lo debo a una colega mía y compañera de angustias preparatoriales. Lo más triste del caso es que no pasa solamente en el salón de clase, sino también en la calle.


Hora de empezar un examen. Se anuncia claramente por escrito y a viva voz que solamente se permiten las plumas de tinta negra o azul y no han pasado ni cinco segundos que ya hay un tarugo preguntando ¿Y no se puede con lápiz? ¿No escuchaste lo que acaba de anunciar tu maestra casi con megáfono?

Acusaba yo de exagerada a mi colega hasta que fui a la papelería. Exactamente a mi izquierda la señorita explicándole a la clienta:


- Mire señora, para adornar su regalo tengo estos cuatro colores de cinta metalizada: azul, verde, plata y oro.

- ¿No tiene roja?


¿Será la mamá taruga de un niño tarugo?¿O es la taruguez - perdón, la sordera - contagiosa?

Soledad
Revolución
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