Platícame un árbol

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Por Hernán León Velasco


Nativo de la zona intertropical de América, extendida desde México y el Caribe —donde se encuentra la mayoría de estas especies— hasta el centro-norte de Argentina y Paraguay, el Árbol de Primavera (llamado también Guayacán o Tabebuia entre otros nombres), comprende alrededor de setenta especies. Es el árbol nacional del Paraguay, donde se lo denomina "tajy". La especie Tabebuia chrysantha, desde el 29 de mayo de 1948 también es el árbol nacional de Venezuela y se le conoce como araguaney.

Cuando surge solitariamente, su presencia es espectacular como se puede advertir en este ejemplar que florece de un amarillo intenso, y se contempla entre las curvas de la carretera de Ocozocoautla a Tuxtla, a mitad del cerro de Meyapac.

Son árboles emergentes con hojas palmadamente folioladas. Inflorescencia terminal, frecuente en el ápice de la dicotomía de una rama, por lo general paniculada y muy vistosa, con flores blancas, amarillas, lilas, o púrpuras.

Muchas de las especies de Tabebuia se cultivan para efectos decorativos, ya que se caracterizan por florecer antes de que el follaje caduco vuelva a brotar. Son valiosos también para la carpintería, que aprecia la dureza de su madera, peso y resistencia al agua; aunque por la dificultad de su trato no se adaptan a trabajos delicados (son óptimos para material de exteriores). Algunas especies son, incluso, sumamente resistentes al fuego.

La especie “Primavera” (Tabebuia donnell-smithii) es nativo de México y Cuba, donde se le cultiva para ornamentación por sus vistosos ramilletes de flores doradas.

En México, la corteza de la primavera, en infusión, se emplea como fungicida. Las múltiples afirmaciones de que tiene efectos benéficos en el tratamiento del cáncer no han sido corroboradas científicamente. La verdad es que donde este árbol florece, rehabilita el espíritu, enciende la mirada y fortalece la esperanza en el bosque.

Por lo que si pasamos cerca de su presencia, como en este caso ubicado a orilla de la carretera en el cerro de Meyapac, aún estando al borde del abismo, la belleza del árbol nos detiene un momento bajo el asombro de su esplendor y al mismo tiempo nos produce un sentimiento de hermandad con la naturaleza, al invitarnos a dejar a un lado nuestra indiferencia, y sembrarlo muy cerca del corazón para que florezca en nuestro amado hogar.

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