Mecenazgo

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EN BREVE

Por James R. Portoraro


Se cuenta que en una ocasión Lorenzo de Medici, el llamado Magnífico, abrió el jardín de su casa para que los jóvenes aprendices pudieran demostrar sus habilidades en el campo de la escultura. Entre estos se encontraba un muchacho de nombre Miguel Ángel Buonarroti que había ejecutado el busto de un fauno. Lorenzo lo apreció mucho, pero le dijo al joven que los faunos suelen ser seres algo perversos y de cierta edad; características que la obra de Miguel Ángel no poseía. 


Por consiguiente, el joven escultor agarró martillo y cincel, le rompió algunos dientes y lo envejeció en un santiamén. Lorenzo quedó tan impresionado que invito a Miguel Ángel a su casa y lo tuvo a pan y cuchillo durante cuatro años.


Otra anécdota curiosa sucedió cuando instalaron la estatua de David delante del Palacio de la Señoría. Uno de los gobernantes, algo marisabidillo, le dijo a Miguel Ángel que la nariz no estaba bien del todo y que había que corregirla. Miguel Ángel se subió a los hombros de la estatua, sacó un poco de polvo de mármol que tenía en el bolsillo e hizo gestos con martillo y cincel como si estuviese recomponiendo la nariz. Al mismo tiempo, dejó caer polvo de mármol. El funcionario le dijo que así estaba mucho mejor.



Supongo que fue una lección de diplomacia.  

Amplitud de mente
Arias
Frutas