‘O matamos o nos matan’

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SAN PEDRO SULA.


Se escucharon tres chasquidos secos, rápidamente seguidos de otros tres. La autopista se vació. Dos viejos se agacharon detrás de una barda. Un taxi viró a toda prisa hacia una calle lateral. Una madre empujó a su bebé descalzo al interior de la casa.


El francotirador, un matón de la MS-13 con una camiseta sin mangas y gorra de beisbol negra, se quedó parado en la esquina sin prisa alguna, a plena luz del día. Era la única persona que quedaba en esa zona comercial. Guardó el arma en la cintura de su pantalón y observó cómo el barrio temblaba de terror.


Bryan, Reinaldo y Franklin se escabulleron hacia el terreno de un vecino, espantando a las gallinas. Entre susurros de pánico, intercambiaron opiniones sobre el tiroteo, el tercero en menos de una semana. Apenas unos días antes, un niño había sido baleado en un ataque similar. Bryan, de 19 años, se preguntó cómo podrían responder a los ataques, si es que era posible, los pocos hombres jóvenes que todavía vivían en el barrio.


La Mara Salvatrucha, la pandilla conocida como MS-13, ahora venía por él y por sus amigos casi todos los días. Saqueaban casas, ponían espías y los acechaban con silbidos al anochecer, como un constante recordatorio de que el enemigo estaba justo a la vuelta de la esquina, dispuesto a atacarlos cuando quisiera.


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