El cine y la memoria

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Por Gustavo Trujillo


Hoy más que nunca, el lenguaje de las imágenes se multiplica y se difunde en los canales de distintas índoles y con las formas más diversas.


En una sala de cine comparecen las más audaces y múltiples formas de creación cinematográfica, por supuesto, hay mucho cines, elegir el adecuado depende de muchos factores, pero uno de los más eficaces es que exista la oferta de esos distintos cines para poderlos encontrar a partir de la polisemica capacidad de las imágenes y los sonidos, que interroguen al espectador sobre su función y su lugar en la sociedad.


Toda película es una proposición circunstancial y temporal, el investigador para hacer circular el flujo de su conocimiento requiere de los materiales fílmicos en cuestión, agruparlos en serie para analizarlos.


La memoria en el cine nacional aparece como metáfora más que como registro de la historia, la memoria del paisaje y la geografía a través del cine; la memoria como conciencia del pasado histórico. El cine recrea la historia y se convierte en documento de primera magnitud, preserva la memoria filmándola, a través del cine tenemos una memoria global de México, del cine extraemos denuncias de injusticias y de identidades marginadas.


Acercarnos al cine es desentrañar el mundo simbólico y antropológico de las películas, los filmes son conglomerados de temas políticos, sociales y culturales.

El cine puede convertirse en el medio para lograr que el estado mexicano inculque la solidaridad nacional.


El paisaje en el cine nacional funciona como símbolo y posee funciones mitológicas: es fuente de vida, medio de purificación y centro de regeneración.

Muchas veces, el paisaje, su orografía, marcan posibilidades de libertad, de extravío.


El cine mexicano utiliza los paisajes para representar el amor pasional fuera de las normas sociales, en ocasiones, por ejemplo, la lluvia funciona como renacimiento, como ejemplo bautismal y como muerte (que es otra forma de renacimiento). A su vez, la playa, el mar, los lagos, las caídas de agua y rios se nos presentan como los límites entre la vida y la muerte. Y las islas no son siempre paradisiacas sino entornos de castigo, como las Islas Marías.


En la edición 34 del Festival de Cine de Guadalajara se exhibió públicamente por primera vez la extraordinaria película El Poder de la Mirada, dirigida por José Ramón Mikelajauregui que es un emotivo viaje por los archivos fílmicos de la revolución mexicana, que va desde las complicaciones del gobierno de Venustiano Carranza hasta la creación del PNR-PRI, reviviendo la turbulenta historia de un periodo fundacional del México moderno, que es narrado a partir de una curaduría que privilegia en el montaje las significaciones estéticas, éticas y épicas de las acciones vivas que quedaron capturadas en el material de esa época que es conservado por la filmoteca de la UNAM.


El cine documental mexicano ha jugado un gran papel a lo largo de la historia cinematográfica del país, desde las primeras realizaciones durante el porfiriato, a través de los acontecimientos y batallas de la revolución, hasta llegar a ser el vínculo para mostrar los cambios, transformaciones, avances y retrocesos políticos y sociales ocurridos hasta nuestros días. Siempre ha existido una cámara cinematográfica que registre estos hechos, pero también un realizador que dirige y analiza los acontecimientos (Don Salvador 

Toscano Memorias de un mexicano).


Espero que pronto en Chiapas y en todo el país esta película El Poder de la mirada pueda ser exhibida en todos los salones de clase desde las primarias hasta los posgrados, en todas las televisiones públicas y privadas y en todos los cines desde los comerciales hasta los culturales. ¡Que así sea!

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