En homenaje a un ilustre chiapaneco de nombre Julio Serrano Castro

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E N F O Q U E

Por Julio Serrano Castillejos


El día 12 de abril de 1907 nació en Tuxtla Gutiérrez Chiapas el último de los hijos hombres de don Federico Serrano C. Figueroa y de doña Gabriela Castro de Serrano y hoy a 112 años de ese hecho le dedico en homenaje estas breves líneas. 


No obstante el origen familiar del estudiante Julio Serrano Castro, nieto e hijo de hacendados chiapanecos que fuesen propietarios de ranchos ganaderos de un tamaño tal que en la actualidad quedarían clasificados como latifundios, el joven estudiante universitario simpatizó primero con el liberalismo a la usanza juarista y posteriormente con el socialismo que habría de cobrar fuerza en México en los gobiernos de Plutarco Elías Calles y fundamentalmente en el del general Lázaro Cárdenas del Río.


La Universidad Nacional de México contaba en la década de los años 20’s del siglo pasado aproximadamente con poco más de ocho mil alumnos. En la Escuela de Jurisprudencia que a la postre se habría de llamar Facultad de Derecho estaban inscritos los principales actores de la lucha para lograr de las autoridades del Gobierno Federal el reconocimiento de su autonomía. El inquieto chiapaneco, citado en el encabezado, se sumó al grupo comandado por Ángel Carvajal, Carlos Zapata Vela y Alejandro Gómez Arias y con tal motivo debió asistir como representante de la Escuela de Jurisprudencia a diversos congresos estudiantiles a las más importantes ciudades de México. 


Las pugnas sociales cuando son de origen estudiantil universitario suelen convulsionar a un sector importante de la población y eso lo intuía Julio Serrano Castro, quien al igual que otros compañeros de estudios que llegarían a tomar parte en la vida pública del país, se empezó a foguear precisamente en esa lid que a la postre identificaría a un importante grupo denominado como el de la Generación del ’29. 


El ideario de la Revolución Mexicana estaba vigente y los estudiantes querían ponerlo en práctica en su Universidad. La Federación de Estudiantes de México se sumó a la lucha emprendida por sus congéneres y de esa manera las ansías autonómicas crecieron como bola de nieve. Paradójicamente, los gobiernos eran revolucionarios para aplicar sus propias ideas pero no para satisfacer las peticiones estudiantiles. La Constitución de 1917 promulgada en Querétaro consagraba como propias las libertades individuales y los jóvenes universitarios sencillamente querían respirar dentro de sus aulas ese ambiente, de manera más directa. En los concursos de oratoria organizados por el periódico El Universal los estudiantes medían sus fuerzas y sus capacidades de convencimiento, sirviéndoles dichos certámenes para hacer “boxeo de sombra” y prepararse en el uso de la tribuna en donde en sus diversas oportunidades lanzarían discursos con valiosas tesis sociales, inspiradas la mayoría de ellas en los idearios revolucionarios. 


Ya en el gobierno de Plutarco Elías Calles las inquietudes a favor de la autonomía universitaria eran notorias y en ese ambiente de confrontación empezó Serrano Castro a realizar sus prácticas discursivas y a consolidar su amistad con los líderes del movimiento, arriba mencionados, y con otros estudiantes que llegarían a ser protagonistas de primera línea en la vida pública y académica de México: como Miguel Alemán Valdés, el carismático presidente del sexenio 1946-52; Rafael Rojina Villegas, autor de un compendio de Derecho Civil; Salvador y Mariano Azuela, brillantes profesionistas hijos del ilustre escritor autor de “La Bola”; Ricardo García Villalobos, José María de los Reyes, Ciriaco Pacheco Calvo y tantos otros que iré mencionando a lo largo de estos párrafos. Por aquellos días era Secretario de Educación Pública don Ezequiel Padilla, en cuyo despacho habría de prestar sus servicio don Julio, en calidad de pasante del licenciado Emilio Araujo, chiapaneco asociado con el célebre guerrerense que con el paso de los años llegaría a ser uno de los más allegados amigos de mi citado padre. 


Ángel Carbajal fue nombrado presidente de la Confederación de estudiantes de México, que aglutinaba a las federaciones estatales, y de esa manera el movimiento cobró una fuerza inusitada. Era el año de 1929 México ya había pasado por el momento traumático del asesinato del general Álvaro Obregón (1928). Estalló la rebelión escobarista en contra del liderazgo político del general Calles, apodado por sus enemigos “El Turco”; pero además, el país estaba aún convulsionado por el movimiento cristero iniciado en el centro de México en contra de las autoridades legítimamente instituidas. En ese ambiente de inestabilidad política, económica y social hicieron sus prácticas los muchachos de la Generación del ’29, incluido Julio Serrano Castro, recipiendario de este breve pero sentido homenaje. 


Se integró un Comité de Huelga, que fuese elemento esencial en la aludida lucha y ya consolidadas las aspiraciones estudiantiles se modificó la respectiva ley orgánica y así nace la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿Quién le iba a decir a aquella generación jóvenes de camisas con cuellos y puños volteados, a manera de ocultar sus imperfecciones provocadas por el uso, que con el tiempo habrían de gobernar al país para escribir muchos de ellos, sus nombres en las páginas doradas de la historia? Era presidente de la República don Emilio Portes Gil y director de la Escuela de Jurisprudencia Narciso “Chicho” Bassols. El rector era Antonio Castro Leal. 


Don Antonio Caso era el director de la Escuela Nacional Preparatoria, que tuviese con sus alumnos participación trascendental en la lucha autonómica. El mencionado abogado chiapaneco fue fundador del grupo político Nueva Generación en la capital del país, donde militaban Valentín Rincón, Efraín Aranda Osorio y otros paisanos del lejano terruño y así jefaturó la campaña política del ingeniero Efraín A. Gutiérrez cuando aspiró a la gubernatura de Chiapas. Pero una traición que les jugó el ya Primer Mandatario de la entidad lo alejó de la política local. 


La historia es como para dedicarle un capítulo aparte. Ya titulado como abogado (en octubre de 1930) tras cuatro años de estudios pues dobló de año para alcanzar a su hermano Emilio, Julio Serrano Castro se ganó la confianza del general Lázaro Cárdenas quién lo envió a diversos países de Sudamérica a explicar los fundamentos socio-económicos de México para nacionalizar la industria petrolera. El periplo duró casi un año y abarcó a las principales naciones del Cono Sur. 


En Caracas hizo amistad con un luchador social de nombre Rómulo Betancourt quien llegase a ser presidente de Venezuela. El autor de estas líneas llegó a leer alguna de las cartas que se cruzaban estos dos buenos amigos y así mismo las fotos en donde se les veía juntos. Don Julio abrevó del pensamiento obrerista de Cárdenas muchas de sus enseñanzas y las llevó a sus cátedras de Derecho Laboral de la Universidad Obrera de México en donde trató a fondo al maestro Vicente Lombardo Toledano, fundador y piedra angular del Partido Popular Socialista, antecesor del actual Partido del Trabajo en las ideas de protección a las clases trabajadoras.

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