Extremo sur, crónica del desamparo

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Por Jaime Muñoz


¿Cómo se narra el dolor? ¿Cómo se narra la desgracia? ¿Cómo se narra la pobreza terminal? ¿Cómo se narra la tristeza sin orillas? ¿Cómo se narra el éxodo de la violencia a la violencia? A su todavía breve edad, Andrés Guerrero, estudiante recién egresado de la Ibero Torreón, acometió este desafío en Extremo sur y lo hizo con una mezcla de esperanza y perplejidad cuyo resultado es un relato que por muchas razones nos cautiva.



La primera es la más visible en toda crónica digna de este nombre: la observación. Narrador agudo, Andrés sabe acumular situaciones salpicadas de detalles precisos y significativos. Como una cámara, registra todo lo que encuentra en el paneo y poco a poco, mediante su testimonio, nos adentramos en el mundo sofocante y carenciado del sur mexicano en el que conviven miles de destinos arrojados a la vida sin mayor arma que la fe en salir bien librados, cada uno, de su tragedia individual que más bien es una tragedia colectiva. 


Con los sentidos y la sensibilidad abiertos, el observador mira, oye, huele, toca, prueba y nos comparte una experiencia viva, terriblemente crítica.


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