Gabinete desconocido

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Por Catón


En el lecho del amor el muchacho le dijo a su dulcinea: “Mi padre me decía siempre que si fumaba no me crecería mi parte de varón”. Comentó la chica: “Se ve que no le hiciste caso”… En el bar un tipo le contó a su amigo: “Todos los días recibo una llamada telefónica en la cual se me insulta, se me amenaza y se me exige dinero”. “¡Qué barbaridad! –se consternó el amigo-. 


Esperemos que todo eso termine cuando funcione la Guardia Nacional. Pero dime: ¿sabes quién te hace esas llamadas?”. “Sí –respondió con tono sombrío el otro-. Mi ex esposa”… La linda meserita de la taquería se sobresaltó cuando el añoso cliente le dijo: “Me traes de cabeza”. Volvió a la tranquilidad, sin embargo, cuando el provecto señor continuó: “Y también me traes de sesos, de lengua y de cachete”… “Es más desconocido que el padre de Whistler”. Así decía un amigo mío aludiendo a cierto escritor municipal. 


Y es que aquel famoso pintor inglés inmortalizó a su madre en un célebre retrato, pero su pobre papá quedó en el más triste anonimato, olvidado para siempre. La mayoría de quienes forman el gabinete de AMLO han corrido hasta ahora la misma suerte: son casi deconocidos, el brillo del Presidente los opaca en tal manera que incluso nos es difícil recordar sus nombres. Si nos preguntan el del secretario de Agricultura a lo mejor diremos el del director de PEMEX. 


Un querido personaje de Saltillo, el arquitecto Ismael Ramos, tenía en su escritorio un letrero que decía: “Es muy agradable ser importante, pero es más importante ser agradable”. Pienso que el Presidente debería dar más cancha a sus colaboradores; dejar que hagan declaraciones aun cuando no estén bajo su sombra; permitirles mayor libertad de acción de modo que cobren más personalidad -si bien no más salario- y se desempeñen con mayor soltura. Ahora a muchos de ellos se les ve disminuidos ante su jefe, y aun en ocasiones temerosos de enojarlo.


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