​Los primeros 100 días del Gobierno de AMLO

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Por Julio Serrano Castillejos


En los medios informativos se ha hablado de los primeros cien días del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, como también se hizo referencia de ese lapso de gobierno de mandatarios anteriores pues se convirtió en costumbre medirle al agua a los camotes haciendo un balance de ese lapso como se pudo haber escogido cualquier otro. 


Pero este período de gracia deriva de la costumbre establecida en tiempos del presidente Franklin D. Roosevelt, estadista de los Estados Unidos de Norteamérica, de fama internacional. En mi personal modo de ver las cosas creo se habla, por parte del nuevo presidente mexicano, mucho y se ejecuta poco, pues tanto decir en las mañanas y tan poco hacer en el medio día y las tardes se me antoja demasiada pérdida de tiempo para un país urgido de componer lo que sus antecesores dejaron tan maltrecho. 


El tiempo se le está yendo de las manos al presidente López Obrador y haciendo a un lado lo que puedan pensar sus incondicionales, o sea, aquellos que están con él en las buenas y las malas, siento no se ha ganado la confianza de los factores reales del poder, es decir, de quienes mueven las finanza y le dan al país el toque sólido en su reivindicación comercial y para ello nos debe convencer en cuanto a que ha sometido a ese monstruo de siete cabezas que se llama corrupción pero no echando discursos a las siete de la mañana sino metiendo a la cárcel a los líderes de las mafias y no sólo a las del “huachicol” y del manejo de los enervantes sino a las muchas mafias que se mueven en el país en diversos medios. 


Convencernos, por otro lado, regalándonos un ambiente de seguridad, y vuelvo a repetir, no con buenas intenciones ante una prensa hambrienta de declaraciones, sino con hechos claros y contundentes. La política del perdón y el olvido no le va a funcionar al presidente pues no es maestro de kínder sino el encargado de echar a funcionar el aparato punitivo para enderezar lo que marcha mal y en especial a los enemigos de las leyes, por ser el aparato de Derecho el que hacen posible la vida gregaria, la estabilidad nacional y la confianza a las instituciones gubernamentales. 


Tuvo en sus primeros 100 días ciertos golpes de acierto para darle al pueblo un toque de confianza, pero no una solidez en las cuestiones de fondo, como ese de abrir las puertas de la Residencia de Los Pinos a donde Juan de las Pitas ya puede entrar acompañado de su familia para ver cómo vivían los presidentes anteriores y como el de la reivindicación del Palacio Nacional como sede del poder presidencial, pero el pueblo quiere ver y palpar cuestiones más tangibles, así por ejemplo ¿no se iba a meter al orden a los señores ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, bajo el dispositivo legal que dispone, que ningún funcionario público puede ganar más sueldo que el presidente de México? 


En los meses de campaña pre electoral las ofertas fueron muchas y de gran envergadura y ahora los logros son pocos y de dimensiones muy pequeñas. Si ya sé, apenas llevamos unos cuantos días de este gobierno que tendrá en total seis años completos, pero si para medirle el agua a los camotes 100 días eran suficientes, creo se ha hablado mucho y se ha realizado poco. 


La discursiva oficial no tiene paralelo con los hechos. A esta nota le van a salir defensores con ejemplos menores, de logros que si bien en algo puedan ser calificados como tales, no serán precisamente los que apetece el bien nacional, digamos por caso, imponer el orden en el dispendio de los partidos políticos que con campañas políticas o sin ellas hacen de los dineros públicos lo que les viene en gana y no se ha sabido de una propuesta para un férreo control en esos bienes del pueblo salidos de los impuestos de quienes sí trabajan y no de los que andan con matracas en las plazas públicas echando gritos a favor de inciertos candidatos. 


La lucha contra la corrupción fue desde la campaña electoral el tema favorito de López Obrador y ya como titular del Poder Ejecutivo lo sigue siendo pero no vemos al respecto una estrategia clara o contundente para combatir a ese fantasma que es a no dudarlo el peor enemigo de las esfuerzos a seguir para sacar a México del hoyo en el cual lo han metido personajes incrustados en los gobiernos estatales y en el Federal mismo. Para qué decir nombres, llenaríamos estos espacios y nos faltarían palabras a manera de calificar a las hordas de bandidos que han desgobernado al país.

Algunas cuestiones que se quedaron en mi tintero​
​El cine Alameda fue en Tuxtla un centro de la vida social
​Urge rehabilitar a los ferrocarriles nacionales de México
​Las migraciones del sur se han vuelto violentas y por ello urge detenerlas
​La pena o sanción para enderezar a los corruptos