El acoso releído

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Por Jaime Muñoz


Hace treinta años, en agosto de 1989, leí por primera vez El acoso (1955), novela corta de Alejo Carpentier (Lausana, 1904-París, 1980). De aquella primera incursión recordaba muy poco, casi nada, salvo la idea general: que narra la breve historia de una persecución entre edificios y calles habaneras con el telón de fondo de la Sinfonía Heroica, de Beethoven. Fuera de eso, el caset de mi memoria (que no llega ni a CD), no retenía nada. Dije persecución y quizá debo aclarar que más bien es huida, pues todo el tiempo seguimos al protagonista, al acosado, no a sus difusos persecutores.


Borges decía que más que leer, le gustaba releer, pero lamentablemente para releer hay que haber, primero, leído. Tras la relectura de El acoso saco en conclusión que debo revisitar toda la obra carpenteriana recorrida hace tres décadas. Lo digo porque tras el paso de tanto tiempo siento que he disfrutado más El acoso, y junto con esto he podido apreciar con mayor hondura el estilo suntuoso de Carpentier, su ritmo poético envolvente, denso por la profusión de insinuaciones, de detalles que recogen el contexto como una cámara que con barroca y voluptuosa precisión registra todo.


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