El estilo de gobernar

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Por Raymundo Riva Palacio


En cualquier país con sistema abierto, una descalificación tan pública y dura como la que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador al subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, tendría que haber ido acompañada de su renuncia. Herrera declaró al Financial Times que la refinería de Dos Bocas no se construiría –este año–, y que una parte del dinero presupuestado se invertiría en Pemex. No, dijo López Obrador, la refinería va y se trata de un malentendido. El caso está cerrado, pero el episodio arroja luz sobre la forma como funciona el gobierno. Si alguien pretende entender a López Obrador, tire los referentes que conoce y parta del hecho de que todo nace y muere entre 7 y 8 y media de la mañana, cuando comparece ante la nación y ofrece una conferencia de prensa.


El Salón de la Tesorería, donde se hace el evento diario, es el escenario. En público o en privado, López Obrador ejerce de manera unipersonal. Ordena a su gabinete en función de ideas u ocurrencias surgidas del encuentro con periodistas, y los obliga a rendir cuentas. La 'mañanera', como se conoce al momento en el que se presenta ante el público, es el eje articulador de su administración, y su equipo, particularmente aquellos que no conocían su estilo de gobernar, lo ha ido aprendiendo para capitalizar del desorden que el propio presidente provoca.


El gabinete carece de líneas de mando claras y establecidas. Por ejemplo, la política, que lleva la Secretaría de Gobernación, se maneja predominantemente desde otras oficinas en Palacio Nacional, como la Consejería Jurídica, la Coordinación de Delegados o la Dirección de Comunicación Social. 


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