Algunas cuestiones que se quedaron en mi tintero​

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E N  F O Q U E

Por Julio Serrano Castillejos


En los domingos de mi adolescencia pues era menester colocarse un pantalón negro y una camisa blanca de vestir para ir a misa, según ya lo expliqué y en los séptimos días de guardar de mi alegre cuarta edad son para ir a San Cristóbal las Casas, pero con ropa muy moderna de este Tuxtla Gutiérrez, equipado con tiendas de buen ver en donde pululan las marcas, inventadas para atracar a los crédulos. 


Por cierto, a la moderna carretera para ir a la linda ciudad de los "coletos" le tengo miedo pues transitan algunos automovilistas con síndrome de Piero Taruffi o de Belice Bonetto, aquellos dos corredores italianos que nos trajeron los Alfas Romeo a México y nos sorprendieran con sus altas velocidades desplegadas en la célebre Carrera Panamericana. 


Ese lindo "Sancris" como le dicen los jóvenes para abreviar tiempo en el hablar, es el resultado de la guerra sin balas que le declaró el llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional a Carlos Salinas de Gortari, en ese entonces presidente de México, a las fuerzas armadas del país y de paso a la conciencia nacional, pues todo México se consideró agredido, y la tal guerra, puso en todo el mundo en alta fama el nombre de Chiapas y fue la chispa y el detonador para hacer de Sancristóbal un sitio famoso y bello como ninguno, pues antes era más aburrido que una clase de matemáticas de tercer año de secundaria y no tenía sitios a donde ir a pasar el rato. 


Recuerdo que antes de la tal guerra fui con mi esposa al hotel Santa Clara a pasar un fin de semana y a la dueña, mi amiga La Nena Villanueva, a eso de las siete de la noche le preguntamos qué podíamos hacer en día sábado para divertirnos un buen rato y nos dijo "suban a su cuarto, enciendan la televisión y ven el programa que más les guste", pues a partir de esa hora las calles de la gélida Sancris eran un panteón. 


Siempre se ha afirmado que el presidente de México es el hombre más informado de la nación y si alguien estornuda en la selva, don presidente lo sabe y lógicamente Salinas de Gortari sabía lo que el Obispón Rojo, don Samuel Ruíz y el llamado Sub Marcos estaban fraguando, pero o no le dio la debida importancia, o como piensan algunos, fue plan con maña para decretar el cese de las ya próximas elecciones y quedarse así a gobernar a México otros seis años o de ser posible "hasta que el cuerpo aguante" como se afirmaba en la ya clásica película del actor argentino Luis Sandrini. 


Lo cierto es que la guerra de los llamados, no sé porque, Neo Zapatistas, en el concierto mundial puso en ridículo a Carlos Salinas de Gortari, ante todas las naciones, y a uno de los mejores gobernadores que ha tenido Chiapas, hombre preparado con esmero, de sólida cultura, de reconocido prestigio y al cual nos lo arrebató de gobernador para llevarlo a su flamante Gabinete de secretario de Gobernación, con la mano en la cintura le pidió su renuncia culpándolo de la falta de informes, ese mismo señor, que si al elefante de un circo se le salía una "pluma", antes de que lo supiese el empresario dueño del paquidermo, de tan chistoso accidente él ya estaba enterado, lavó su culpa de manera tan inoportuna. 


A los presidentes se les debe desacralizar e inclusive como sugieren muchos mexicanos someterlos ya en pleno mandato a un plebiscito a manera de que sea el pueblo quien diga si tienen derecho o no a continuar en su cargo, pues ello los obligaría a respetar la Constitución General de la República y el juramento de hacerla valer por sobre todas las causas. 


A esa figura en términos jurídicos se le denomina: la confirmación o la revocación del mandato.

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