Un mundo mágico

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Por Gustavo Gonzalí Mayoral


Fue un momento grandioso para la humanidad; una época de oro donde el pensamiento alcanzó alturas insospechadas; preceptos, máximas, descubrimientos y acciones de gran valor que le han dado rumbo a la especie humana. Se trata del siglo de oro, unos quinientos años antes de Cristo.


Entre las sentencias que más me gustan esta aquella de “Conócete a ti mismo”. Estoy seguro de que si tuviéramos una idea clara de lo que somos, otra, muy distinta, sería la realidad que vivimos. Si desde que surgió este aforismo, hace unos dos mil quinientos años, hubiésemos hecho caso, como especie, de esa directriz, tendríamos una forma de vida mucho mejor de la que ahora tenemos; quizá las guerras y los nacionalismos habrían desaparecido; quizá el crimen se hubiera reducido a su mínima expresión, porque esta vida, la que ahora estamos viviendo, sería mucho MÁS APRECIADA, ya que estaríamos ciertos de que no existe otra vida después de la muerte.


La cultura y los conocimientos griegos habrían seguido su curso evolucionando cualitativamente hacia un mundo mejor si el emperador romano, Constantino el Grande, no hubiera convertido a un tal Jesús en dios, ni apoyado con toda la fuerza del estado a la iglesia católica para tener bajo su control precisamente a ese dios y a una religión que sirvieran a los intereses de su imperio.


Entre los conceptos de más avance por su natural importancia estaría el conocimiento de la estructura de la materia; sabríamos mucho más sobre qué es el ser humano y cómo funcionan las partículas subatómicas y, por supuesto, ya estaría en funciones la herramienta más poderosa que el hombre haya podido crear: el Computador Cuántico.


Le echemos un vistazo a las propiedades físicas de un mundo que fue descubierto hace más de cien años por el físico alemán Max Planck y que nos metió a un tobogán alucinante: la cuántica. Pues bien, esta rama de la ciencia se perfila como el camino hacia el cambio más radical en la especie humana; más importante que cualquier otro descubrimiento que nos haya sorprendido jamás.


Esta materia no es una curiosidad o una entelequia de los científicos que se pudieran haber inventado para llamar la atención o lograr un fin determinado, no, la Física Cuántica ya opera en la tecnología de punta de nuestra realidad cotidiana: tomógrafos, láseres, celulares, satélites, GPS, etc., etc., todos funcionando con las leyes que rigen el mundo cuántico. De hecho se especula que el universo, entero, es un ente cuántico.


¿De qué trata este disciplina? Veamos lo que yo he podido entender y no olvidemos que se trata de mi personal percepción del mundo. Se trata de las propiedades del átomo, de lo que “sucede cuando acontece” con las partículas que viven en su interior.


Quien iba a pensar que pudiera existir un mundo paralelo al nuestro cuyas características sólo podemos definir como “mágicas”. Más sorprendente aún que cuando se descubrieron los animálculos de Leeuwenhoek, aquellos bichitos que cambiaron la percepción de las cosas.


Sucede que en este mundo paralelo, que vibra al mismo tiempo en toda nuestra materia y dimensión, sus ocupantes tienen el don de la ubicuidad, propiedad que sólo era atribuible a nuestros venerables dioses. Los elementos que actúan en el mundo cuántico pueden estar al mismo tiempo en diferentes lugares o mejor dicho, en todos los lugares, como si estuvieran “saltando” de un lugar a otro, pero sin que medie un tiempo —ni siquiera un indetectable y minúsculo instante— entre salto y salto.


Un mundo con partículas pares, comunicándose entre sí a cada momento y al instante, aunque cada una esté en otro extremo del universo. Es decir, si una partícula gira o se desplaza, la otra hace lo mismo en ese instante, sin que importe que estén separadas por millones de años luz. El nombre de este fenómeno se llama “Entrelazamiento cuántico”.


Pero no sólo eso; lo que parece ser más extraño aún, es que los electrones, estos “bichitos” increíbles, cambian su comportamiento cuando se les observa, como si les diera vergüenza confundirnos con lo que hacen, como si fueran seres humanos que se muestran de una manera y en verdad son de todas las maneras posibles; es decir, es un lugar donde el “hubiera” existe, como cuando algo sale mal y uno se queja diciendo “mejor lo «hubiera» hecho de otra manera”; donde el tiempo y el espacio simplemente no tienen sentido; donde no existe lo grande o lo pequeño; donde las cosas están, pero al mismo tiempo no están.¿Es magia? No, es física y tiene efecto en cada uno de los átomos que conforman nuestro cuerpo.


En este punto creo que es oportuno recordar que fueron los griegos los que dieron nombre a los “átomos”, y que toda la materia existente estaba constituida por estas partículas; pero no alcanzaron a saber que la estructura de los átomos esté compuesta de un 99% de vacío, lo que convierte en un verdadero galimatías nuestra realidad.


¿Entonces? Todo este asunto de la física cuántica, no es una locura, por supuesto. Es el devenir de los tiempos. Desde siempre, pero con más incidencia a partir de la revolución industrial, hemos aprendido a vivir con máquinas (autos, teléfonos, computadoras, trenes, satélites, etc.), ahora nos tenemos que acostumbrar a vivir y convivir con realidades de otra dimensión y capacidades mágicas.


La pregunta es: ¿cuánto falta para trasladar las características cuánticas a nuestra realidad? Sin duda, poco tiempo; no obstante, para que un ser humano pueda estar en varios sitios a la vez, quizás y sólo quizás, faltan muchos años, pero no lo duden, el día llegará, quién sabe cuándo, pero llegará. Al fin y al cabo, el tiempo también es una ilusión. 


gonzali42@yahoo.com

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