Payasos

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Por Enrique García Cuéllar


Posiblemente el periodo de 2006 a 2018, en los gobiernos de Chiapas, pase a ser denominado “La docena de los payasos”. 


Es increíble que la sociedad haya estado en manos de Juan Sabines Guerrero, saqueador descarado e impune, premiado posteriormente con el Consulado de México en Orlando. Y ahí sigue, porque la cuarta Transformación no lo toca. 


Un payaso que vive su propia farsa llena de oropel, desde la ineptitud y la avaricia. Chiapas sufrió un retraso de 30 años en su desarrollo a causa de este payaso. 


El sucesor, Manuel Velasco Coello, otro zafio ignorante de todo, continuó el desastre iniciado por Sabines y apostó su capital político a Andrés Manuel López Obrador. El triunfo llegó y las fanfarrias sonaron estruendosas: sería un cercano colaborador del tabasqueño y se enfilaría a la Presidencia de la República, aspiración que también acarició Sabines, cuando paseaba por las nubes. 


El circo estaba montado. Una runfla de lacayos serviles se ponía de alfombra al paso del payaso en turno. Manuel no fue tan grotesco como Juan, quien parecía el que se ponía globos de tan ridículo. Pero sí dijo aquello de “dame la miel, dámela toda” y se la llevo. 


Los restos de miel fueron saqueados por Manuel. Pero ya basta de payasadas. Aunque, viéndolo bien, parece que a un enorme sector de chiapanecos les gustara más el circo que el pan mismo. Y a partir de esa premisa han surgido políticos voraces, insaciables, sin escrúpulo alguno para desahuciar al estado más pobre del país. 


Desde el exterior, algunos observadores se preguntan para qué quieren tanto dinero los políticos. Tienen de más y quieren muchísimo más. 


Desde fuera del país, no se ve ni siquiera a López Obrador como el hombre probo y honrado, sino como el que solapa y encubre, pese a las declaraciones en contra. Nos carga el payaso y no podemos defendernos.


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