​Anécdotas que deben quedar en la memoria

|

Por Julio Serrano Castillejos


A don Salomón González Blanco no se le dio una despedida correcta cuando lo regresaron al Senado y quedó en su lugar como gobernador Juan Sabines Gutiérrez. 


Debieron realizar un acto solemne en el cine Alameda (en ese entonces era el mejor local de la ciudad capital) para hacerle un merecido reconocimiento público por su larga trayectoria como servidor en el Gobierno Federal y en el de Chiapas. 


Ahí cometieron un grave error el presidente José López Portillo y el secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana. Fue un cambio de poderes atropellado, pues don Juan llegó quemándosele las habas por tomar posesión y no hubo el más mínimo cumplimiento protocolario en el cambio de estafeta. 


El licenciado González Blanco tenía una envidiable carrera en el sector público y como ex Secretario del Trabajo y Previsión Social, con dos presidentes de México, mantuvo en equilibrio al muy difícil sector laboral y supo salir triunfante en otros cargos públicos de alta jerarquía. 


Cabe puntualizar que a don Juan le habían creado una especie de aureola de héroe popular, en una rara simbiosis en la cual la gente lo identificaba más con un personaje de algún corrido vernáculo, que con la figura de un gobernante, sin que tal afirmación lleve implícita la negación de sus valores muy personales dentro de las cuestiones públicas. 


Era, por decirlo así, una rara combinación de político y personaje de película mexicana: enamorado, dicharachero, audaz, bueno para el trago y de aspecto agradable. Decían sus más íntimos, que sus mejores discursos se los escribía su hermano Jorge, pero Juan era el encargado de sumar amigos y de incursionar en la política con jovialidad y carisma. 


El laureado poeta Jaime Sabines, ocuparía un lugar preponderante en el gobierno de su hermano, llegando a ser una especie de “ministro sin cartera”. En una entrevista publicada en el diario Excélsior diría en tono socarrón: -“En Chiapas trabajo de hermano del gobernador”. Juan era cabeza de un grupo de chiapanecos a los que dio ayuda en su trienio gubernamental colocando a muchos de ellos en puestos públicos dentro del estado. Unos con ciertos méritos y otros por simple amistad. 


Me correspondió participar como colaborador de los dos personajes antes señalados, con son Salomón como Oficial Mayor del Tribunal Superior de Justicia y con don Juan, en el PRI, en la Secretaría de Divulgación Ideológica y ahora voy a relatar lo que provocó mi renuncia a ese Instituto Político: Era presidente del tricolor mi amigo Ezzio del Pino Trujillo y había recibido órdenes, seguramente, del Comité Ejecutivo Nacional de dicho Partido, de enviar informes de una en verdad apabullante votación a favor del candidato a la presidencia de México, Miguel de la Madrid Hurtado, por lo que más adelante comentaré. A este periodista, abogado y a la vez titular de una secretaria del Partido, le encargó recabar los informes de la votación del Distrito Federal de Ocosingo. 


Cuando eran aproximadamente las once de la noche del domingo de las elecciones me empiezan a llegar informes de todas las casillas, como dicen los jugadores de dominó, con resultados "zapato" a favor del PRI, supongo hay gato encerrado y me voy a ver a Ezzio a su despacho y le digo "no podemos enviar estos resultados a México, pues no es creíble que los candidatos de la oposición no hubiesen votado ni por si mismos, ni a favor de ellos los miembros más allegados de sus familias y de sus comités". 


El presidente Del Pino Trujillo me pregunta -"¿se puede sabre, mi estimado Julio, a favor de quién estás? y le digo con una amplia sonrisa, sin medir las consecuencias "a favor de la verdad, de la democracia y de México" y me responde "pues redacta tu renuncia y me la presentas". 


Nunca perdí la amistad con Ezzio del Pino e inclusive con posterioridad a ese incidente lo invité en dos ocasiones a él y a su esposa a comer a mi casa, pues además soy admirador de su linda hija Alejandra, persona de todo mi afecto, pero este incidente de mi renuncia me valió para en el futuro cercano ser funcionario de órganos electorales y hasta magistrado presidente del Tribunal Electoral del Estado de Chiapas, toda vez que ese citado detalle garantizó mi calidad de hombre dedicado con esmero a la imparcialidad en sus juicios. .

La generación perdida de la UNAM
Enfoque