Enfoque

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Por Julio Serrano Castillejos


Con Enrique García Cuéllar inicié una aventura periodística en su publicación de nombre “Monitor” en donde Juan Balboa se completaba el triunvirato y a manera de los tres Césares que en un tiempo gobernaron a Roma nos dimos el gusto de echar de nuestro ronco pecho para darle a los lectores nuestros puntos de vista dentro del medio político de este Chiapas tan vapuleado por gobernantes que sin vivir acá quieren saberlo todo, de un medio para ellos casi desconocido. 


Quien era el gobernador en turno, como García Cuéllar no le entró al consabido “chayote”, le envió a sus esbirros y una mañana de tantas las oficinas, mesas de redacciones, computadoras y equipos accesorios del periódico amanecieron misteriosamente desaparecidos por un supuesto robo, nunca aclarado. 


Me invita este singular periodista norteño de nacimiento, pero ya chiapaneco de corazón a colaborar en su periódico digital de nombre “Juicio Político” y lo hago con satisfacción pues me retiré desde hace muchos años de los periódicos en donde por consigna hay que cantarle loas a los gobernantes en turno, cuestión de la que nunca he sido partícipe y rompe por lo tanto mi estilo, inspirado en la objetividad y si alguna vez me equivoco pues no soy infalible, no es de mala fe ni inspirado en sentimientos aviesos. 


En uno de los capítulos de mis memorias, por cierto publicado en Facebook, expliqué cómo accidentalmente llegué a ser alumno de la Escuela Secundaria No. 3 “Héroes de Chapultepec” de la ciudad de México, en donde tomé como talleres el de tipografía y ahí al conocer a fondo el manejo de la Caja California en donde vienen en plomo todos los caracteres tipográficos para el desarrollo de las artes de imprenta, me picó el zancudo del periodismo. 


El buen formador debe tener el cerebro de zurdo pues escribe de derecha a izquierda, como los árabes, y en la escuela nos revisaban las bolsas para no introducir al taller espejos el día del examen, pues ese ese truco le daba al formador una ventaja ostensible. 


En mi escuela en donde fui interno de Nombre Colegio Franco Español fundé un periódico de carácter festivo de nombre “La Chachalaca” y en los meses de octubre y noviembre me daba vuelo redactando las tradicionales “calaveras” para hacer mofa de los maestros cae mal y elevar a las mayores alturas a los profesores cae bien. 


Así fue como me inicié en la poesía y ya más adelante en la Escuela Nacional Preparatoria en sociedad con mi fraternal amigo Mario Hernández Malda fundé el periódico “Nueva Generación”, maquilado en un taller de la Colonia de los Doctores atrás del cine México y con publicidad pagada por la Joyería “La PrIncesa” de las calles de Madero y la tienda de ropa para Caballero “High Life”. 


Curiosamente, en esta etapa de mi vida estudiantil gané un concurso de poesía convocado por el maestro Erasmo Castellanos Quinto, conocido este maestro de la Nacional Preparatoria como Primer Cervantista de América. 


El día en que ya estábamos reunidos los participantes dijo: “Ahora vamos a ver quiénes son conocedores de poesía y quiénes no. El tema es “A una estrella”, deben desarrollarlo en una décima y tienen quince minutos”. Obtuve el primer lugar a mis 17 años de edad.