A Doble Espacio

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Por Enrique García Cuéllar


La tan llevada y traída descentralización administrativa, tendrá un costo de 120 mil millones de pesos, menos de las cuentas que no cuadran en Chiapas, Veracruz y Chihuahua, por lo tanto, no es ese el problema.


El verdadero problema es la falta de capacidad de las ciudades designadas como sedes de las distintas secretarías. 


Hablamos de que la zona metropolitana de la Ciudad de México experimentará un éxodo de un millón 200 mil personas, aproximadamente. 


Estas personas deberán ser ubicadas en varias ciudades de la república. Estas ciudades no cuentan con los servicios ni las instalaciones urbanas para recibir a tanta gente, aunque fuera un proceso paulatino que llevase seis años. 


Cada ciudad tiene su propio ritmo de crecimiento y ni así han podido ser satisfechas sus necesidades básicas. 


Pongamos como ejemplo a Tuxtla Gutiérrez, donde estará la Comisión Federal de Electricidad. No hay agua ni pavimento ni alumbrado; las calles son estrechas y los baches, abundantes. No hay vivienda suficiente para los tuxtlecos, mucho menos la habrá para los empleados que, a regañadientes, dejarán la Ciudad de México, si es que no prefieren su liquidación. 


Desde otro punto de vista, la descentralización podría obligar a los gobiernos federal y estatal a invertir en la infraestructura necesaria para cumplir con la descentralización. 


De ser así la mancha urbana crecería rápidamente, a un rimo superior a la satisfacción de las necesidades nuevas. Desconocemos las bondades y los males de la descentralización, pero las nuevas generaciones sabrán si fue o no una buena medida.


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