Editorial

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En ciertos sectores de los seguidores de Andrés Manuel López Obrador causó indignación la reunión del tabasqueño con su otrora oponente, José Antonio Meade, pues consideraron que representa “la mafia del poder” tan repudiada durante la campaña electoral.


Si bien resulta inesperada la alianza con el enemigo, también puede considerarse un acto de madurez política del presidente electo el hecho de sumar a su opositor, sobre todo porque cuenta con un excelente currículum en el área financiera.


Nunca dijo que lo sumaría a su gabinete, aunque puede entenderse tal intención, sobre todo si se considera la amplia difusión que se dio al encuentro.


Entonces, hay elevadas posibilidades de que ocupe un importante cargo en la próxima administración federal.


A Meade Kuribreña se le acusa de formar parte de la denominada “estafa maestra” y tal vez López Obrador desea tenerlo cerca para escudriñar lo que sucedió y ahondar la investigación con una especie de “testigo protegido”, por descabellado que suene, pues no debemos olvidar que en política todo es posible.


Nadie más que el propio Meade conoce las entretelas de la tristemente célebre “estafa maestra” y podría aportar datos para seguir la pista de tan tenebrosa estratagema que provocó un daño patrimonial de más de diez mil millones de pesos al país.


Si se considera que no ha invitado —ni siquiera se ha acercado— a Ricardo Anaya, quien fue objeto de otras acusaciones como el lavado de dinero, resulta atractiva la idea de que existe el propósito de ahondar en la investigación de la “estafa maestra” y hacer las aclaraciones pertinentes.


Andrés Manuel López Obrador no es un ingenuo al que se le puedan achacar medidas frívolas.


Si bien la campaña estuvo plena de declaraciones superficiales y populistas, es porque era eso: una campaña.


Ahora, desde la postura de presidente electo, las perspectivas han cambiado y podríamos estar ante una nueva estrategia cuyos alcances todavía están por verse.


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