Violencia, salarios de hambre, miseria, sumisión ante Trump: EPN y su equipo cavan la fosa del PRI

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Hace seis años, un día después de la elección presidencial en la que resultó electo Enrique Peña Nieto, cientos de jóvenes –aún reunidos bajo la etiqueta del #YoSoy132– tomaron las calles como forma de repudio al que sería el Jefe de Estado por los siguientes seis años. La lluvia rompió la manifestación y se dividió: unos fueron a Televisa, otros al Monumento a la Revolución y otros más a la sede nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Había llanto y enojo.


Las manifestaciones continuaron, hubo una en el Tribunal Nacional Electoral el día del fallo definitivo, el 15 de septiembre, en la que hubo detenidos y encapsulamientos policiacos y todo culminó el 1 de diciembre con un enfrentamiento entre Policía Federal y ciudadanos afuera de San Lázaro, mientras Peña Nieto recibía la banda presidencial.


Ese día hubo heridos de gravedad que luego se convirtieron en víctimas mortales. También hubo detenidos y pérdidas económicas por daño a establecimientos comerciales. Fue también la cúspide de las movilizaciones que se generaron previo a la llegada del Partido Revolucionario Institucional (PRI), de Peña Nieto y del Grupo Atlacomulco al Gobierno federal.


Sin embargo, del otro lado justo en ese periodo, el PRI empezaba a acomodarse. En su segundo día como Presidente, Peña apareció flanqueado por los otros dos partidos más importantes del país en ese entonces: el Acción Nacional (PAN) y el de la Revolución Democrática (PRD) y presentaron el “Pacto por México”.


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