A Doble Espacio

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Por Enrique García Cuéllar

El asunto de los desplazados alcanza ya, en Chiapas, niveles que bordean los actos de violencia, sin que el gobierno estatal muestre la habilidad negociadora para resolver este tipo de problemas que atentan, principalmente, contra el derecho de residencia de los mexicanos, además de otros derechos humanos fundamentales. 

El secretario de Gobierno, Carlos Mario Culebro Velasco, tiene en sus manos la oportunidad de marcar la diferencia con su antecesor, Juan Carlos Gómez Aranda, quien se limitaba a ser un simple observador de la política interior del estado. 

Ahora, Culebro Velasco debe responder a su trayectoria y experiencia política, privilegiar la negociación y lograr el retorno de los desplazados. 

Nadie ha dicho que eso sea una tarea fácil, precisamente por eso debe apelar a todo lo aprendido en su reconocida experiencia. 

De no darse estas negociaciones para restablecer los derechos elementales de los desplazados, la Secretaría de Gobierno habrá anotado una marca negativa más a la ya triste experiencia de ineptitud demostrada por Gómez Aranda.

Chiapas no puede darse ese lujo que representaría violencia y muerte, circunstancias también presentes en Siltepec, donde se oponen a la creación del municipio Honduras de la Sierra, a la vez que amenazan con asesinatos arteros. 

Gobernar el estado de Chiapas es un asunto difícil. Y lo peor es que lo gobiernan personas ajenas a la intrincada trama de problemas que, por lo mismo, les resultan ajenos e inexplicables. 

No es el caso de Culebro Velasco, hombre de trayectoria política probada, pero si no atiende y resuelve, de nada le habrá servido su carrera en ese ámbito y sí podría representar su tumba política. 

A Gómez Aranda se le ve como insepulto.


eagarciac@outlook.com

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